lunes, 8 de noviembre de 2010

Me llamo i-griega

Hubo una vez una letra que se llamaba i-griega. Paseaba muy elegante al final del alfabeto, de la mano de la equis y de la zeta, le gustaba vestirse a veces con una túnica blanca que cubría su cuerpo esbelto de tirachinas, para hacer honor a su nombre griego. Se sentía muy orgullosa de ese nombre que le recordaba su pasado entre las letras griegas, un nombre compuesto, característica que solo compartían ella y la uve-doble y ahora esa pobre destronada de la doble-ele, un nombre que le otorgaba distinción y elegancia, como bien merecía una letra que formaba parte de la palabra yate, o de la palabra ley, con su seriedad y firmeza, así como de la alegría de mayo, que traía la primavera en su regazo.

Un buen día, algunas letras comenzaron a llamarla ye.

- ¡Ye, ven aquí!
- ¿Maya se escribe con ye o con elle?

Su mirada las fulminaba como el rayo:
- ¡Con i-griega! – contestaba.
- ¡Ah, con ye!

Ella las miraba de soslayo:
- ¡Yo soy la i-griega! - protestaba.

- Tú eres ye - le contestaban las otras letras del alfabeto - porque suenas así, ye. Igual que ene suena ene y ele suena ele.

- Siguiendo esa regla, tendría que ser eye y aún se armaría más lío la gente para distinguirme de la elle... Además, cuando soy “y” sin compañía, sueno i, así que tendríais que llamarme unas veces i-lo-que-sea (porque de alguna manera me tendréis que distinguir de la i de los indios) y otras eye.

Así que se hartó y cuando la llamaban ye, no contestaba, hasta que no volvía a oír su antiguo nombre.

Las otras letras rumiaban, envidiosas, ¿por qué a la i-griega había que darle ese trato especial, tan rimbombante? ¡Que fuera ye, vulgar y corriente!

Fue precisamente la fuerte corriente producida tras una lluvia otoñal, la que arrastró a todas las letras en una riada tremenda. La i-griega consiguió anclar sus dos brazos en la tierra y que no la arrastrara y con su largo y flexible cuerpo, consiguió salvar a las compañeras que pasaban a su lado:

- ¡I-griega sálvanos, por favor! – gritaban desesperadas.

Se aferraban a su cuerpo y ella las fue sacando del agua, una a una.

Las letras, chorreando, miraron a la i-griega avergonzadas. ¿Cómo podían llamarla así, ye, como si fuera una cualquiera, con lo que había hecho por ellas?

- I-griega, compañera, tendríamos que llamarte i-salvadora...

- No es nada, vosotras hubierais hecho lo mismo por mí... Ninguna letra dejaría que una de sus hermanas muriera... ¿No es así? Volved a llamarme i-griega, que es lo que siempre fui; no merezco nada más, ni nada menos.

1 comentario:

carlos de la parra dijo...

Ésto estuvo mejor que una sopa de letras.
Me recordó el cuento del que se sacó la lotería y dejó todo pagado por adelantado al arquitecto para construírle una casa, con detalles especiales que deseaba encontrar al regreso de su viaje por el mundo, como luces con música que se activaran al entrar y en especial una lujosa tina de baño.
Al regreso del cliente ya había derrochado su fortuna en mujeres,bebida y canciones; y que llega a disfrutar su nueva casa y se encuentra con que aún no instalan la tina de baño y ésto se lo tiene que preguntar al arquitecto por telegrama pero solamente le alcanza para enviar un telegrama con una sola letra.
Lo logra.
Escribe :i
Ésto se lee ¿ Y la tina?(pues la letra es i latina)