martes, 31 de diciembre de 2013

31 de diciembre, 2013. ¡Feliz Año Nuevo!


Foto de Pedro Rovira Tolosana


Ante el espejismo del Nuevo Año, 
nuestros propios pasos abrirán el camino 
para alcanzar nuestros sueños y proyectos

domingo, 29 de diciembre de 2013

Dos antologías: Bukowski y Relatos eróticos



Desde aquí os anuncio que ya están a la venta dos  antologías en las que participo:



Este lo tenéis disponible aquí

El relato con el que participo lo podéis leer aquí

Y la segunda antología, la del Concurso de relatos Eróticos Edisi, Exploradores del placer, en la que participo con el relato titulado Un dos caballos muy acogedor. Este relato es más largo, por lo que no lo tengo en el blog.




El enlace para adquirir el libro aquí, en la tienda de editorial Edisi.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Para el viernes creativo de el bic naranja


Sexual Healing de  Oscar Delmar


Tus labios me miraban. Tus labios me besaban en el vacío de la distancia. Atrayentes. Sensuales. Entreabiertos. Mi lengua te buscaba. Y tú la llamabas, con susurros que gritaban en mis oídos. Sin embargo, yo no podía posar los míos en ellos: una fuerza invisible los mantenía separados. Soñaba el baile de nuestras lenguas en un vals infinito. Pero la música cesaba de repente cuando Adrián volvía a casa y me decía con una palmada en la espalda: “Hoy te quedas a cenar, ¿verdad?”. Yo no sabía decir que no y nuestros labios sufrían en silencio mi cobardía.



* * *

Para el viernes creativo de el bic naranja, 27 de diciembre de 2013

lunes, 23 de diciembre de 2013

Por un simple pajarillo



Imagen de Rolland András Flinta


Para recuperar el equilibrio, me apunté a clases de yoga. La meditación me ayudaba mucho; después de algunas sesiones, lograba salir de mi cuerpo, me elevaba sobre la sala, y me quedaba sentada en el platillo de una balanza, completamente centrada. Desde allí observaba todo, con los ojos cerrados. En un platillo de la balanza estaba yo y en el otro, el mundo. Y el mundo ni me alzaba a las estrellas ni me hundía en el abismo aplastándome con su peso. Permanecíamos cada uno en su sitio, en paz y armonía. El desorden volvía cuando se me acercaba ese pajarillo revoloteando, se posaba en mis pies y comenzaba a picotearlos. El peso de ese diminuto ser me hundía en la añoranza de volver a sentirme rodeada por tus brazos.

* * *

Para el viernes creativo de el bic naranja, 20 de diciembre de 2013

¡Feliz Navidad desde cuentos de animales!


Juanlu y yo os deseamos FELIZ NAVIDAD con un nuevo cuento de animales para niños informales.

Esta vez le hemos pedido ayuda a un reno bastante cabezota, Pikku-poro, el pequeño reno.

Como diría Papá Noel: ¡¡¡Jou, jou, jou!!!!


Reno de Paula, la hija de mi amiga Rosa Martinez Alejaldre

viernes, 20 de diciembre de 2013

Castillo de naipes


En la vida, como en el juego, basta quitar una carta para que todo se derrumbe.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Segunda vida




 Imagen de Karolis Strautniekas


¿Te acuerdas del primer árbol que plantamos en el jardín? Ahora está seco y Martín ha cogido una ramita para hacer una postal de navidad para el cole. Ya sabes que no le gusta el colegio, pero le encantan las manualidades. Me ha llenado de tristeza ver esa rama suelta de algo que fue hermoso pero que ahora está muerto y Martín se ha dado cuenta: sabe que me acuerdo de ti cuando veo ese árbol. Mientras pegaba la rama y decoraba la lámina con sus rotuladores me ha dicho: “Está bien dar una segunda vida a las cosas que hemos querido”. Es un pequeño filósofo, no como su madre, ella con su sentido práctico hubiera echado cemento en el jardín para no tener que cuidarlo. A veces pienso que el chico se parece más a ti que a ella, que os llevabais tan bien que he sido muy estúpido estropeando lo nuestro (y cuando digo nuestro me refiero a eso que habíamos creado entre los tres). Me gustaría haberte cuidado más y hacerte florecer, en vez de secarte. Por eso le he pedido que hiciera con otra ramita esta tarjeta que ahora te enviamos los dos. Y sí, ya sé que vas a pensar que todo esto es chantaje emocional, pero si no vuelves por mí, por favor, vuelve por él. Y prometo regar con algo más que besos tu corazón.

* * *


Para el viernes creativo, de el bic naranja, 18 de octubre,2013

lunes, 16 de diciembre de 2013

Para encontrarme


Esta mañana no me encontraba a mí misma.

Y tuve que buscarme entre las arrugas de las sábanas, en el poso de mi último sueño, en las esquinas de un viaje imaginario, en mis labios secos bajo el grifo del lavabo, en el espejo del baño, vacío. Hasta que llegaste tú y me prestaste tus ojos.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cuentos de animales para niños informales



¿Os gustan los animales? ¿Sí? 
Pues vamos a hacer un poco de magia:

Pincha en el elefante 



y aparecerás rodeado de animalillos.

En nuestro blog Cuentos de animales para niños informales, mi amigo Juanlu y yo os contamos historias de animales.

Él os cuenta con sus colores y dibujos, yo, con mis palabras. Hace dos semanas que está funcionando, ya tenemos dos cuentos y el sábado que viene pondremos el tercero. (Os voy a chivar algo: el tercero es de un unicornio).

Pues ya sabéis, os esperamos a todos los chavales y traéis de la mano a vuestros papis, para que no se pierdan.


Y sobre todo, id pensando algún cuento para enviarnos, ¡que el elefante quiere escucharos con sus orejotas!!!

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Encuentro en colegio Josefa Amar y Borbón





El pasado 18 de noviembre me acerqué por el colegio Josefa Amar y Borbón para conocer a los chicos de 3º de infantil, de la clase de Conchi, que habían leído el libro La bruja de chocolate. Pasamos una tarde muy divertida, conocieron como nació la historia de la bruja de chocolate y me preguntaron y comentaron todo aquello que había surgido en su lectura. Algunos estaban intrigados con la sombra negra. Un niño nos dibujó muy bien en la pizarra este personaje. Muchos estaban deseando dibujar a la bruja Pimpi, y me enseñaron los dibujos que han hecho de ella en clase y es encantadora.



También me preguntaron cómo había escrito una historia tan larga, con tantas palabras. Y yo les conté que poquito a poco, una palabra detrás de otra, se escribe una página y después otra y así trabajando despacio se llega hasta el final Pero no en una tarde, ni en un día entero, sino día tras día, mes tras mes hasta llegar a la palabra FIN. Lo importante es ir imaginando en la cabeza el cuento y con esas ideas escribirlo.



Luego me pidieron que si podía escribirles un cuento, les pedí que fueran diciéndome las ideas y personajes que debían salir en la historia y las fui apuntando en la pizarra. Estas son sus sugerencias:



La bruja Pimpi dormida ¡ZZZZZ….!!!! Acompañada de un rey y una reina. Y también hay un vampiro, que vuela y es malo, está en su pesadilla y un monstruo peludo (el monstruo que dibujé les pareció que no era malo) y también dibujé su colegio, la clase de 3º A, que será escenario de la aventura de la bruja. Tendré que meter los ingredientes en el caldero de la bruja, darle vueltas, calentar, unos pases mágicos y la historia saldrá, poco a poco, y la iré escribiendo en mi cuaderno de cuentos.

Como el vampiro me salió un poco feo, Antonio nos dibujó un vampiro delgadillo que no tenía alas porque era de día, y el árbol donde dormía colgado.


Por último, había que preparar el chocolate mágico, siguiendo la receta de Irma Pócimas infernales. Primero creamos la burbuja de sugestión para meterla en el chocolate. Con pasta de goma de mascar, un poco de agua y polvos de invisibilidad amasamos el chicle pegajoso. Después, llamamos a los espíritus para cargarnos de su magia, soplamos el aire de sugestión e hinchamos una bomba de chicle con él. Luego introdujimos esta burbuja en el chocolate. Unos polvos de colmillo de dragón, y ¡listo! Y cuando nos zampamos el chocolate, todas nuestras sonrisas, las de los niños, la de Conchi, la de Pili y la mía hablaban de verdadera felicidad.

La bolsita con los polvos de colmillo de dragón

Amasando la pasta para hacer la burbuja

Polvos de colmillo de dragón para la burbuja de sugestión
Me regalaron una foto de toda la clase con sus nombres, así los recordaré siempre. Y he recibido también un libro con sus dibujos y el resumen que escribían de cada capítulo. Es un regalo precioso, me encantan los dibujos de las brujas, el cartero, el tren, la casa del Bosque del Humo Verde, el dragón Urgus, la alfombra voladora... y el banquete del aquelarre final. ¡Muchas gracias a todos por esta gran obra!



¡Y también me regalaron una caja de bombones riquísimos!!!



sábado, 30 de noviembre de 2013

NOVIEMBRE 2013




De mi álbum de fotos


Solo merece la pena madrugar por ver amanecer.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Una noche más


Vomité en sus faldas. Y me abofeteó, vaya si me abofeteó. Dijo también eso de maldito cerdo borracho, y luego añadió: “quién me mandaría a mí enredarme en unos ojos verdes”. El taxista nos echó del coche, pero ella le puso morritos y al final la llevó a su casa. O se la tiró al doblar la esquina, bueno, en el taxi no, porque apestaba, en algún picadero infecto. Yo me quedé tirado en la acera, como un alga asquerosa que alguien se ha quitado del pie. Aquella vez no lloré. Ni siquiera aullé. Ya lo había hecho por demasiadas mujeres y quería convencerme de que el vodka sabía mejor que ellas.

* * *

Con este relato participé en el concurso de narrativa Artgerust "Realismo Sucio", homenaje a Bukowski, y aparecerá en la antología recopilatoria de los relatos finalistas. Podéis ver el relato también aquí. Gracias a Miguel Jimenez Salvador, pues leyendo su blog conocí este concurso.

¡El MILLÓN DE ENTC! ¡FELICIDADES JAMS!



Si eres un seguidor de Esta noche te cuento, seguro que sabes que ese blog donde nos reunimos  a contar cuentos y más cuentos todos los meses llega ya ¡AL MILLÓN DE VISITAS!

Y los que no lo conocéis, ya va siendo hora de que os déis un paseo por ahí, de que leais y enviéis vuestros relatos.

Y de paso véis el video que le han dedicado los amigos a JAMS aquí

¡Muchas felicidades a los que lo hacéis posible este lugar de encuentro, JAMS y Rosa!

domingo, 24 de noviembre de 2013

Paseo por el Botánico de Lisboa con Antonio Muñoz Molina





Ayer leí el artículo de Antonio Muñoz Molina de Babelia, sobre los Mundos botánicos. Me llevó de paseo por el Botánico de Lisboa y me acordé de cuando en esa capital, hace más de veinte años, visité con mi madre la “estufa fría”, ese gran invernadero situado más allá de la avenida de la Libertad, que tanto nos impresionó con su lujuriante vegetación tropical y ese ambiente húmedo que nos rodeaba y que nos hizo sentirnos como exploradoras en la selva. Un sentimiento muy parecido al del escritor, que terminaba el artículo con esta reflexión: “De un botánico así se salen con ganas de escribir un libro de viajes”. También pensé que me faltaba visitar ese jardín botánico del que él hablaba, pues debía de tratarse de un jardín al aire libre (aunque también tenía sus invernaderos), no como el que habíamos visto nosotras, así que lo anoté en mi cabeza como ese lugar que no puedo dejar de ver cuando regrese algún día a Lisboa (otra ciudad en mi lista de ciudades a revisitar). Después también me vino un recuerdo de Elvira Lindo, su esposa, ya que comencé a relacionar: Elvira estuvo por Zaragoza dando una charla de animación a la lectura en octubre, fui a escucharla y me encontré a la mujer que imaginaba a través de sus libros: esa niña de la que su madre decía que era la alegría de la casa y que cuando creció siguió conservando a la niña, su rebeldía, aunque a veces se tiñera de tristeza y nostalgia, pero que encaraba todo con buen humor. Decidí escribirle un correo electrónico para comentarle mis sentimientos después de la conferencia y al cabo de pocos días recibí su respuesta, que me hizo muchísima ilusión, en el que me agradecía mi carta y me enviaba “Un beso grande, ahora desde la bella Lisboa”. Por eso, ayer, cuando leía el artículo de Antonio Muñoz Molina, también pensé: Elvira me mandó un mensaje desde ahí, desde donde Antonio escribió esto y ahora él me envía otro, en el que no me dice, pero yo adivino, que paseó por ese jardín botánico de Lisboa con la alegre compañía de Elvira. Y me los imaginé allí a los dos juntos, entre los grandes árboles con sus nombres científicos y me dije: qué delicia es saborear unas palabras tan bien escritas, que te llevan no solo a donde el escritor quiere llevarte, sino a tu propia experiencia y a una entrañable conexión entre personas.

viernes, 22 de noviembre de 2013

En la pecera


Foto de Gina Vasquez

Tenías todos tus sueños flotando en el mar de tus ojos. Yo también estaba en ellos, encerrado en una pecera, la mascota que por costumbre no te olvidabas de cuidar. Era tu pececillo, daba vueltas en círculos, me observabas con curiosidad, y yo te miraba, boqueaba ante ti, deseaba que tus labios se posaran en el cristal y anhelaba acercarme a besarlos. Pero pronto perdías interés en mí y acudías a esos otros que bailaban hasta el amanecer en tu playa bulliciosa. Me alimentabas de gambitas secas, pero jamás me echaste ni una miaja de sonrisa ni una pizca de te quieros. Me conformaba con eso, con el sabor a bollo recién hecho que quedaba en las gambitas cuando las tocaban tus dedos.

Muchas veces me preguntaba por qué estaba yo ahí, en tus sueños, si no me deseabas, si nunca había significado nada para ti. Un día me respondiste: “Porque no soy yo la que te sueña, sino tú el que está soñando que yo sueño contigo”. Esas palabras rompieron la pecera, se escapó el agua de ella y yo casi me ahogué con ese aire tuyo de alta montaña. Ahora sobrevivo en el charco de mis lágrimas mientras tú chapoteas en él y me clavas muy profundo el arpón de tu indiferencia.

* * *
Un viernes creativo más en  el bic naranja. Anímate a escribir una historia para esta imagen propuesta por Fernando Vicente. Y acude hoy por el bic naranja a leer un montón de historias sugeridas por la imagen.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Terapia antidepresiva en radio mislata


Otra vez en la radio, esta vez de la mano de Nicolás Jarque en el programa que dedican cada noche de los jueves a los microrrelatos, La Radio en Colectivo, en radio mislata, que se emite en Valencia. Esta semana el tema era el consumo y Nicolás me pidió si podía enviarle algún mciro sobre el asunto, que titulé Terapia antidepresiva.



Podéis escuchar el micro a partir del minuto 07:25. En el programa también se leen micros de Humberto Dib y David Moreno, un placer estar tan bien acompañada. Y se leyó el primer relato seleccionado en el concurso de relatos de este programa de Salamandra (buen pseudónimo).





El micro también lo podéis leer a continuación no lo había publicado todavía en espera de que lo leyeran en el programa: (pero no dejéis  de oír el programa, merecen la pena las historias y la música).

Terapia antidepresiva


Había tenido un mal día en la oficina, le dolía la cabeza. Las luces de colores del centro comercial la atrajeron con su parpadeante alegría y decidió dar un garbeo por las tiendas para despejarse.
El primer escaparate le dijo “CÓMEME”; entró en la pastelería y se zampó una deliciosa tarta de chocolate.
El segundo escaparate llamó su atención con un sonoro “VÍSTEME” y salió de esa boutique con un precioso vestido de gasa, que le subió el ánimo.
El tercer escaparate le gritó con alegría “CÁLZAME” y se compró unos zapatos de tacón con los que casi podía tocar el cielo.
El cuarto escaparate la alcanzó con un vistoso “SEDÚCEME” y la impulsó a comprar un carmín rojo pasión capaz de enamorar a todos los cupidos.
En el quinto escaparate encontró un “LEÉME”, y eligió una entretenida novelita romántica.
Se sentó en la cafetería que la había llamado con un “BÉBEME” de intenso aroma, donde estuvo leyendo aquel merengue rosa combinado con sorbos de café con leche. Al imaginar a la protagonista, guapa, sexy, vestida con ropa cara y unos taconazos impresionantes, un desagradable vacío se abrió en su estómago, para instalarse definitivamente entre su pecho y la boca. 

Antes de salir del centro comercial, encontró una tiendecita que nunca había visto antes. Al acercarse le susurró “BÉSAME”. El escaparate estaba oscuro, pero la tentación era demasiado poderosa. Entró en la tienda, salvando el misterioso telón de la penumbra y cuando ya había dado tres pasos, divisó a un joven atractivo apoyado en el mostrador y se detuvo, azorada. Su duda era si los besos se pedían por kilos o por metros.

* * *
Como véis en mis últimos relatos me ha dado por la falta de besos en mis protagonistas. A mí me sobran (por kilos o por metros), así que os envío un montón de besos de chocolate a todos desde aquí.



jueves, 14 de noviembre de 2013

Tarde de paseo


Madre e hijo salieron de paseo.
—Quiero un helado… —pidió el niño y su madre se lo compró.
—Quiero ese coche rojo… —y su madre se lo compró.
—Quiero ese juego para la consola —y su madre se lo compró.
—Cómprame un beso —dijo el niño al contemplar una amorosa familia en un anuncio de seguros.

Y su madre no encontró ninguno en todo el centro comercial.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Barritas punto com



Mis amigas se han enganchado a las barritas para adelgazar. Todo empezó con Marta y su “operación bikinini”, después se unieron Elena y Paula con la esperanza de soltar esos kilillos de más. El verano ha pasado, Elena luce un cuerpo y unas piernas que apenas se vislumbran si se pone de perfil, pero sigo siendo la única que, a la hora del almuerzo, come comida de verdad; ellas comentan encantadas lo deliciosas que están las barritas untadas en un vaso de agua. Ahora han decidido también dejar de fumar y sustituyen el cigarrillo rubio por caladas robadas con ansiedad a una boquilla eléctrica.
Elena está cada día más etérea, más transparente. El otro día me pareció cruzarme con ella en el pasillo del trabajo, oí su voz y vi una estela de vapor que perseguía el sonido de sus pisadas, pero no había rastro material de ella.
“Mi vida se ha vuelto virtual”, escribe mi amiga Elena en su Facebook. En vez de foto tiene un lacito rosa, ha fundado un club que se llama barritas.com y cuenta sus viajes astrales gracias al vapeado en un foro de aspirantes a exfumadores.

La echo de menos, ya casi no recuerdo su rostro. He probado una barrita con ánimo de recuperarla y aunque el chocolate sabe tan dulce como ella, me es imposible rescatar su sonrisa, sentir sus abrazos.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Trampa blanca



Ilustración de  Maroesjka Lavigne
Hace frío en este autobús. No solo por la nieve, es que la soledad me resulta todavía más heladora. Tras la tormenta de nieve, el autobús de este tour organizado ha quedado atrapado y no puede salir de esta trampa congelada. Hace un par de horas, el conductor bajó a pedir ayuda en la granja para limpiar la nieve. Transcurrió media hora, y como no regresaba, nuestro guía decidió ir a buscarlo. Tras diez minutos, la vieja cascarrabias del tercer asiento quiso averiguar por qué tardaban tanto. Cada cinco minutos, uno de los miembros de nuestra excursión se pone nervioso y considera que debe ir a buscar a los que han entrado antes. Ninguno ha vuelto. Uno tras otro, mis compañeros han sido tragados por ese negro umbral que me observa como un ojo diabólico. Ahora solo quedo yo en el autobús. El ojo me mira y a mi vez yo lo miro con la misma aprensión que si me acercara a un abismo por el que temo despeñarme a un fin seguro e ineludible. Al mismo tiempo parece querer convencerme de que en su seno encontraré la paz, el calor humano que buscaba cuando decidí apuntarme a este viaje organizado. Pero como siempre he pensado que todos morimos completamente solos, me quedaré aquí sentada esperando a la muerte blanca.     

* * *
Y en la noche del Día de los difuntos, no podía dejar de participar en el viernes creativo de el bic naranja. Pasa a ver más historias terroríficas, a morirte de miedo

viernes, 1 de noviembre de 2013

Micros terroríficos en Cadena Ser de Ávila


El día de todos los Santos merece un poco de literatura inquietante.

Pablo Garcinuño ha llevado a la Cadena Ser de Ávila tres micros terroríficos de Ana Vidal, Mar Glez y de una servidora. Podéis oírlo aquí:




El micro que ha leído mío, preparado para la ocasión se titula Recuerdos.

Recuerdos

Bajo tan deprisa las últimas escaleras del metro que termino rodando en el último tramo y entre jadeos alcanzo el andén. Nadie me ha seguido, estoy solo. El tren efectúa su entrada, se detiene ante mí, consigo abrir la puerta y me meto en él. El vagón está lleno de pies, solo pies y piernas mutilados me rodean, unos sentados, los más ágiles encaramados en la barra superior, otros enroscados en las barras verticales para sujetarse mejor, pero la mayoría conservan perfectamente el equilibrio sobre sus zapatos. Las puertas se cierran tras de mí y el convoy arranca, unos pies se balancean, algunos aún gotean sangre fresca; zapatos de tacón y medias de seda, mocasines sucios, me alegro al ver unas zapatillas de tenis, pero no, esas no son; los miro con aprensión, tengo miedo, sería horrible equivocarme. Sé que no pueden verme, pero he de reptar junto a ellos con cuidado de no rozarlos para que no me descubran, podrían saltar sobre mí y obligarme a que los recoja, por eso avanzo deprisa, paso con asco, casi sin respirar, entre las extremidades amputadas, ¿y si me confundí de tren? Observo los vagones que culebrean hasta el infinito y rezo para encontrarlos pronto mientras voy dejando atrás pies que sufren de varices, pies aburridos de niño que se rascan la pantorrilla, pies de bota militar que amenazan pisarme, pies seductores de piernas estilizadas que me dan la espalda. ¿Dónde estáis malditos? Tengo que seguir avanzando entre miembros y más miembros de desconocidos, y entonces me parece verlos acercarse a la puerta en el siguiente vagón, no pueden bajarse sin mí y me arrastro como puedo hacia ellos, pero son rápidos, cuentan con la ventaja de mis zapatillas de deporte; me abalanzo en plancha sobre las piernas, para que no escapen; sí, son ellos, por fin he encontrado mis pies. Los beso, beso su sangre seca, los recojo tomando los cordones de las zapatillas entre los dientes, pero en ese momento me asalta la misma duda de siempre: no recuerdo cuál fue la estación del accidente, esa en la que debemos bajarnos para encontrar mis brazos, los que volverán a unirnos de nuevo.

jueves, 31 de octubre de 2013

OCTUBRE 2013


Foto de Pedro Rovira Tolosana


La vida nos da vueltas, ¿le damos vueltas a la vida? 

Pesadilla roja



Es siempre la misma pesadilla. Empieza en blanco y negro, con banda sonora, y termina con el triunfante color de la sangre empapando mis sábanas. No es música de suspense, sino la misma tonadilla pegadiza y estúpida que se ha metido en mi cabeza y que no puedo dejar de oír, ni despierto ni dormido. Lo único que ahoga esa canción es la sangre. Por eso cuando el silencio me despierta siempre hay sangre en mis camisas, en mis manos, en mi boca, en mis cuchillos de cocina. 

* * *

Para celebrar Halloween un micro sangriento con el que participé en un viernes creativo de el bic naranja. Este mes también anda por esta noche te cuento aquí 

domingo, 27 de octubre de 2013

Micros en Lectures d'Espagne






De la mano de Caroline Lepage, ahora tres de mis micros pasan a formar parte del libro Lectures d'Espaigne, junto con otros grandes amigos, una antología de relatos de autores españoles traducidos al francés. Un beso a Caroline y su equipo de traductores por su gran trabajo de difusión de nuestras letras en francés. Pasad a ver el libro aquí:

Lectures d'Espaigne
(Me encontraréis en la página 459)

Y en el blog Lectures d'ailleurs podéis encontrar también mis micros aquí 

Y si los queréis leer en español, pasad por aquí

martes, 15 de octubre de 2013

Alma de sirena





Un tarro de arena, una botella con agua de mar y una caja llena de conchas. Ese fue el tesoro que enterré en la jardinera de la terraza al final del verano. Después conté los pasos, dibujé un mapa, puse la cruz en el lugar adecuado y se lo regalé a Laura. Pero Laura no tenía alma de pirata, prefirió un corazón con las iniciales L D que le regaló David. Fue Marta la que encontró el mapa, desenterró mi tesoro, hizo una playa con la arena, se bañó en el agua de mar y cuando buceó para meterse en una caracola, sus piernas se transformaron en cola de pez.

domingo, 6 de octubre de 2013

En Lectures d'ailleurs





Acabo de recibir la noticia de que Caroline Lepage ha traducido tres de mis micros al francés, en su página dedicada a la traducción de obras de autores españoles y latinoaméricanos Lectures d'ailleurs.  La tracucción ha sido llevada a cabo por Caroline y Celine Rollero. Dominique Vernay ha sido mi hada madrina, ella fue la que me presentó a Caroline (virtualmente, por desgracia, que estamos las tres un poco lejos unas de otras). Caroline está haciendo una labor inmensa traduciendo con su equipo tantas obras en castellano, estoy muy agradecida de poder estar por allí entre otros queridos amigos microrrelatistas.
Curiosamente ha coincidido que este ha sido un fin de verano francés, primero con un viajecito en septiembre por Colliure, Perpignan, Carcassone y los castillos cátaros y ahora con esta sorpresa.

¡Gracias Caroline, te prometo que ahora sí que voy a aprender la lengua de Moliere!

Los micros podéis leerlos (en francés, claro) aquí:


Son estos tres:






Y después de esto, me tocará pronto ir a París, ¿no?

(Y para el que no sepa de que va esto de París puede pasarse por aquí).

viernes, 4 de octubre de 2013

Maremotos



Ilustración de Fernando Vicente


Como cada noche, flotas en el mar de mi deseo, mis olas te cubren y te descubren, barren tus desiertos olvidados, ascienden las colinas suaves de tus senos, provocan maremotos en los manglares de tus cuevas y se precipitan en cascadas por tu monte de Venus. Cuando despierte, en las sábanas perdurará el olor a mar, a hembra abierta, a fruta fermentada, pero en mis labios solo quedará el beso de la cerveza negra de tu ausencia.

* * *

Hoy toca viernes creativo en el bic naranja. Anímate a escribir una historia para esta imágen de Fernando Vicente (el de los viernes creativos no, el ilustrador, que son dos personas diferentes). Y acude hoy por el bic naranja a leer el montón de historias sugeridas por la imagen.

lunes, 30 de septiembre de 2013

SEPTIEMBRE 2013





Cuando te miro, te embrujo.

* * *

Septiembre es el mes de la bruja, y por eso tenía que traer por aquí al gato de la bruja. Mi hija se lo hubiera traído a casa.  

domingo, 29 de septiembre de 2013

El susurro de los pies descalzos



Fotografía de Lissa Hatcher
Va cerrando puertas de habitaciones vacías. El pasillo se va quedando a oscuras. La soledad le cala los huesos. Su corazón se seca por dentro. Solo cuando el elefante regrese al jardín y los pétalos de la rosa se abran bajo el sol, la luz entrará de nuevo en esta casa. Volverán los niños a llenar con sus risas los rincones. Ahora se pasean, transparentes, por el pasillo. Ella se refugia en la habitación del fondo, con la persiana bajada y la puerta cerrada, pero aún así oye sus pies descalzos y le roban el sueño con la lluvia de sus lágrimas, con sus largas caras pálidas que atraviesan la pared. Los niños le preguntan: ¿Y el elefante, cuándo volverá?

* * *

Este relato quedó finalista en el mes de febrero del II concurso de La Microbiblioteca de Barberá del Vallés. Con motivo de la entrega de premios del concurso me escapé a Barberá y me traje el librito recopilatorio con todos los relatos ganadores y finalistas:

De mi álbum de fotos
¡Y qué ilusión reunirme con todos los amigos microrrelatistas de Barcelona y alrededores!!!!

domingo, 22 de septiembre de 2013

Tímido ermitaño






De julio a septiembre, la playa de nuestro pueblo se viste de turistas de chancleta que huelen a bronceador de coco. Ante semejante invasión, los cangrejos ermitaños abandonamos nuestras conchas y aprovechamos la migración de los atunes para veranear en las solitarias playas del norte. Al regresar, es difícil encontrar casa: hay menos conchas y montones de basura abandonada. Este año decidí no moverme de casa: mi nueva concha se amolda a mi cuerpo y tiene todas las comodidades, hasta cuenta con un agujerillo por el que corre el agua para su limpieza, perfecto también para la ventilación cuando reposo en la orilla. Pero una niña se enamoró de los colores delicados de mi concha y le encantó, como a mí, el agujerito. Se ha hecho un collar pasando por el agujero un hilo y me lleva colgado en su escote. Cuando descubrió que yo estaba dentro, me preparó un nuevo hogar: un tarro de cristal. Pero esta casa me va grande, además soy muy tímido y no soporto que me estén mirando todo el rato. No sé cómo decirle que prefiero seguir colgado en mi concha y dormir acunado por el pom-pom rítmico que sale de su pecho.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La caja de juguetes




Al cumplir trece años, metí en una caja de madera mis juguetes favoritos. Y los enterré en una jardinera de la terraza. Llovió. Hizo sol. Viento. Muchas veces. En este orden o en el inverso, incluso todo a la vez: sol-lluvia-viento. Mi madre plantó caléndulas, perejil, petunias blancas. Fui a la universidad. Un día conocí a una chica. Me casé. Mi madre murió. Ya no había caléndulas ni perejil ni petunias. Me llevé la jardinera a mi casa. Planté con mi hija geranios. Revolviendo la tierra, la chica encontró la caja. Ahora mi hija juega con caballos azules y un gran jefe indio. Las canicas me miran con sus ojos de colores. Tienen el mismo brillo, la misma fantasía en sus volutas de plastilina que cuando las gané en el recreo. Por ellas no pasa el tiempo. Sin embargo, las plumas del indio están descoloridas. Y el recreo de mi colegio ya no existe, actualmente hay un edificio horroroso en su lugar. Pero sigo viéndolo cada vez que paso delante de él. En mi corazón algunas cosas permanecen, otras se han ido. Muchas las intento atrapar. He pensado guardar las que pueda en esta caja, de nuevo. Quizá me entierren con ella.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Ausencia



Tu espíritu permanece adherido a las paredes de mi casa, las huellas transparentes de tus pies acarician las baldosas y las lágrimas de tu despedida motean todavía los cristales de la ventana.

Tu ausencia me persigue con pasos silenciosos, su eco resuena en un pozo profundo y seco. Te busco detrás de las puertas, en los rincones polvorientos. Por las noches el suplicio es todavía más intenso: respiro el vacío que has dejado en el sofá y me ahogo en ese hueco de mi cama imposible de llenar. Al abrir el frasco de colonia que olvidaste, aspiro el perfume, huérfano del aroma de tu piel. Busco entre las sábanas el sabor de tus besos y la única compañía que encuentro es la de la luna insomne en la ventana. Sé que ella, dentro de siete días, también se irá. Es la única certeza de mi vida. La duda es si tú regresarás con ella.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Filtro de amor



Sentado en las escaleras de la iglesia, rasgueaba mi laúd en busca de una canción que ofrecerle aquella noche a mi dama. El bullicio del mercado estorbaba mi tarea: envuelto por los placeres mundanos, ni la melodía, ni las palabras alcanzaban a expresar la pureza del amor por mi dulce Genevieve. Me extasiaba en el recuerdo de su pálido tobillo y el olor del cuero me arreaba una patada en las narices; si pensaba en el perfume de rosas de sus manos, me alcanzaba el penetrante aroma de los quesos bien curados; y su voz de pajarillo era enmudecida por el jolgorio de los borrachos empapados de aguamiel. Solo las marmitas de cobre del cacharrero me evocaron el fulgor de su cabello pelirrojo, pero aquella no era precisamente una metáfora digna de ser cantada a la dueña de mi corazón.
La vieja del puesto cercano, con su ojo derecho peleándose por mirar entre las verrugas, me espetó con voz de graja:
— Joven trovador, menos canciones y más pociones, necesitas para tu amor.
Me acerqué con curiosidad a su puesto, donde el aroma de la lavanda se mezclaba con las hojas de hepática y las hierbas para los retortijones y sobre un tapete de terciopelo ajado descubrí unos frasquitos del tamaño de mi dedo meñique con el dibujo de un corazón.
—¿A cuánto el filtro de amor?
—Para ti, tres reales.
—No tengo tres reales, ¿no prefieres una canción?
—¿Y qué hago yo con una canción, camelar a un mancebo? –gruñó ella.
Mientras la vieja preparaba un saquito de hierbas para un escudero escuálido, aproveché su descuido, y, sin dejar de tocar mi laúd, estiré mis dedos y me hice con un frasquito. De allí me alejé, tocando y cantando y en la esquina eché a correr. Atrás quedaron los gritos de la bruja: ¡Al ladrón! ¡Al ladrón!
En el rincón oscuro de un establo, saqué el frasco: en su interior brillaba un líquido azul que se agitaba en círculos lentos, sosegados. El movimiento me atrapó, no podía apartar mi mirada de aquel azul. Flotando en él aparecieron los ojos de Genevieve. A la luz de esos ojos comencé a tocar el laúd; mis dedos se movían solos y el susurro de una canción escapó sin conciencia de mi boca.

Esa noche, el beso de mi laúd se enredó en la boca de ambrosía de Genevieve, a los pies de su balcón.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Mi París deseado en la nave de los locos


Hoy podéis leerme en la nave de los locos de Fernando Valls, donde hago una crónica de mis intentos siempre truncados de volver a París. Pinchad aquí para leerla. Y aquí debajo os dejo mi Nike fantasma (fijaos qué fotos tan malas hacía yo en aquellos tiempos). Recuerdo que nos topamos con ella de repente, ¡menuda sorpresa, nos llevamos, querida Victoria de Samotracia!



sábado, 31 de agosto de 2013

AGOSTO 2013




El último día quise pescar un poco de mar para llevármelo a casa.

viernes, 30 de agosto de 2013

Olvido


Fotografía de Carrie Goodman


Desde aquella tarde me miras acusador, sin piedad. Sabes que acabo esquivando tus ojos, con sentimiento de culpa. Tu madre me lo advirtió, pero no le hice mucho caso. Tampoco fue solo culpa mía, si no lo hubieras llevado contigo a todas partes...  Solo cuando volvimos a buscarlo y ya no estaba en la silla del restaurante, me di cuenta de lo mucho que lo querías: jamás te había visto llorar así, lágrimas sin ruido. De nada sirve que te pida perdón, ni que te jure que no lo abandoné; que no sentía celos de que le contaras tus secretos al oído, ni de que prefirieras dormir con él y no conmigo. Te he comprado otro igual, pero lo has arrojado a un rincón; claro, no tiene su olor y el pelaje es suave, de recién nacido. Sin embargo, tu madre se ha apuntado un tanto: ayer viniste de su casa con un peluche rojo, y ahora lo cuidas más que al otro. Me miras de reojo, mientras le riñes enfadado: “No te separes de mí o te abandonarán como a tu hermano”.


* * *

Una historia para el viernes creativo de el bic naranja  La propuesta de hoy es escribir para la foto del niño. Pincha aquí para participar o leer más historias inspiradas en lo que ve el niño de esa foto. 

domingo, 25 de agosto de 2013

Régimen de visitas



Los lunes espera a su hija Marian. Los martes, a su nieta Maria José. El miércoles no puede venir nadie, pobrecitos, esta vida moderna les roba el tiempo. Los jueves, le toca a su hijo Juan, que siempre le trae bombones. Y los viernes es la tarde más larga, porque su sobrina Andrea llega desde Madrid, y se acerca a visitarla a última hora, antes de la cena. El fin de semana no quiere visitas, la residencia se pone hasta arriba de familiares y no hay donde estar un poco tranquilo, así que prefiere pasar la tarde en su habitación, haciendo solitarios.

Los espera en el sillón del hall, siempre bien arreglada, la enfermera le pinta los labios y le arregla el pelo; la directora le engarza el broche en la chaqueta. Lo que no entiende es porque esta tarde la nueva auxiliar, al llevarla de vuelta a su habitación, insiste tanto: “No se preocupe, que mañana es sábado y seguro que vendrán”.

Sin calcetines. Unisex

Jugábamos al tenis juntas, desde niñas. A los quince años nos tocó el monitor guaperas, un rubio que volvía locas a todas las chicas del club. Marta estaba totalmente colada por él, se lo comía con la mirada en las clases pero él pasaba de ella. Pronto, Marta cambió a la estrategia de niña tonta: hacía unos saques desastrosos, para que él se pusiese a su lado, la tomase por la cintura para colocarla en la posición correcta, y así sentir el calor de sus pectorales pegados a su espalda y ese brazo de vello rubio sobre el suyo dirigiendo el movimiento de su raqueta. Mientras nos cambiábamos en el vestuario, ella me susurraba entre risas, cosquilleándome la oreja, cómo se derretía al oler su sudor dulce pegado en su cuello. A mí me gustaba hacerle sufrir, y le decía que él solo tenía ojos para las mujeres mayores, era el gigoló del club, el juguete de las maduritas. Ella no quería creerlo, pero acababa diciendo:
—En realidad no sé porque me gusta, es solo un pijo de mierda.

—Me apuesto un batido a que no te atreves a salir a la pista sin bragas —la reté un día.
Ella se sonrojó, seguro que se imaginaba a sí misma con su inocente faldita ondulando a su alrededor, para mostrarle en una volada de cierzo su secreto velado.
—¿A que sí? —se rió provocativa, y yo le dije:
—Ven, entra en mi vestuario.
Se quitó con decisión el sujetador, sus pezoncillos punzando la camiseta blanca, luego los calcetines blancos, que plegó con cuidado en el banquillo.
—Venga —la animé—, ahora, las bragas.
Deslizó las bragas blancas, corriéndolas con suavidad a lo largo de sus piernas.
—Es lo más desnuda que puedo estar ahí fuera —me dijo con la misma sonrisa que dedicaba al rubio creído.
Permaneció un instante así, sin bragas y mirándome a los ojos. Llevé mi mano bajo su falda y ascendí despacio por sus muslos, ella se tensó, pero se acercó más a mí, y noté que su respiración se aceleraba; en aquel ascenso, mi corazón subía también hasta mi boca. Encontré su secreto mojado entre el vello espeso y lo acaricié cerrando los ojos, mientras posaba mis labios en los suyos.
Su madre nos sacó a gritos del paraíso:
—¡Chicas, ¿qué estáis haciendo?! La clase ya ha empezado.
Marta salió corriendo del vestuario, con la raqueta en la mano, le dijo a su madre que no había otro libre, como excusándose por estar juntas.

Yo recogí sus calcetines y el sujetador, pero sus bragas no aparecían por ningún lado. Me di cuenta de que había ganado la apuesta, pero que también ella me había ganado a mí.

* * *
Mi nuevo relato para la última propuesta de los viernes creativos de el bic naranja, este fue el micro con el que participé. Esta vez había que escribir una historia inspirada en estas palabras: calcetines blancos unisex. Pásate por aquí para leer otros autores con otras historias.

domingo, 11 de agosto de 2013

Las tres mosqueteras ciegas


En la residencia, las tres abuelas ciegas se sientan juntas después de la siesta, las une esa capacidad de ver el mundo sin necesidad de ojos. Gloria sabe que Matías acaba de pasar, aunque eso no tiene mérito: ese tufillo rancio mezclado con aroma de farmacia lo puede reconocer cualquiera; sin embargo hay que reconocer que es una experta en adivinar qué habrá de cena por el olor que llega de la cocina, a pesar de que los demás residentes afirman que aquí todas las comidas huelen igual. Claudia distingue de qué país procede un vestido palpando con los dedos pulgar e índice un pedazo de tela y todos se asombran cuando comprueban su acierto al leer en la etiqueta el made in. El sentido del gusto es lo que más desarrolló Montse, que entre sus batallitas cuenta con picardía cómo distinguía a sus amantes gemelos por el sabor de sus besos.

Suelen organizar protestas frente al despacho de la directora, quejándose de que siempre les sirven panga en vez de merluza, de las tortillas de huevina y de la escasez de carne en los menús. La última vez que se las encontró en el pasillo, con sus pancartas, la directora les echó una mirada furibunda y exclamó: "¡Os voy a dar carne yo a vosotras!” y cerró de un portazo su puerta.

Los demás ancianos las llamaban las tres mosqueteras, una para todas y todas para una, hasta que murió Gloria, de repente, hace dos días. Sin embargo, sus dos amigas aseguran que sigue presente entre ellas, le dejan sitio entre las dos en el sofá que siempre ocupaban, le hablan y aguardan a que conteste, y continúan la conversación como si estuviera allí. Mantienen una silla libre en el comedor, junto a ellas, con su cubierto vacío, “Ahora ya no tiene hambre, pobrecita”, lamentan compungidas. Los cuidadores se mofan de su locura y ellas responden muy dignas que solo las personas ciegas pueden ver y oír a los espíritus.

A la hora de la cena, Montse asegura que la sopa de pollo sabe a violetas, igual que el perfume que usaba Gloria, y al poco, Claudia extrae de su lengua, con los dedos índice y pulgar, un cabello. Lo restriega entre sus dedos y, brotan lágrimas en sus ojos, convencida de que se trata de una cana teñida de rubio de su amiga. Ambas ancianas apartan el plato de sopa y no prueban bocado esa noche, aunque el resto de los residentes rebañan el segundo plato y aseguran que el estofado, huesudo y de carne seca, está delicioso. 


* * *

Este relato ha surgido hace poco, una mezcla de la idea de un viernes creativo propuesto por Fernando Vicente en el bic naranja aquí, y un homenaje a los viejitos de la audioantología de viejos que ha propuesto Pablo Gonz aquí. Llegué tarde a la propuesta de Fernando, pero me gustó ese título tan sugerente de las abuelas ciegas y tarde o temprano tenía que escribir algo sobre ello.

sábado, 10 de agosto de 2013

Eterna canción




Maullaba a la luna. Todas las noches. Maullaba sin parar. Le corté el pescuezo. Ahora maúlla en mis sueños. Todas las noches. Sin parar.

jueves, 8 de agosto de 2013

Cuestión de zapatillas



Fotgrafía de la red,  (pantuflas wikipedia)


La anciana se levanta del lecho y se calza las zapatillas de pana. Camina por el pasillo muy despacio, se esfuerza por no arrastrar los pies, le desespera el sonido cansado de sus pasos. Pero le pesan los pies, como plomos de buzo. Al pasar por la habitación de su nieta mayor, ve sus manoletinas abandonadas en mitad de la puerta, ¡qué pie calza ya la moza! Le recuerdan su juventud, cuando soñaba con ser bailarina. Contempla sus zapatillas de vieja, seguro que con las bailarinas andaría ligero. Se las pone. Da un paso, ¡menudo cambio!, avanza por el pasillo a saltitos, una vuelta y flota, otra vuelta y se siente cisne, lenta, lentamente, dejándose llevar arriba y abajo...
—¿Mamá? —. Es su hija, que acude alarmada por el ruido seco en el pasillo.
La encuentra en el suelo, se ha mareado con la pirueta, pero muestra una sonrisa inocente:

—¿Ves? Con estas puedo hasta volar… 

sábado, 3 de agosto de 2013

My song



Al principio parecía que llovía. Pero quizá solo llovía en mi corazón. Y sin embargo no era más que música. El saxofón siempre estiraba tu pequeño cuarto de adolescente y el piano lo recorría de puntillas, prometiéndonos en voz baja que algún día viajaríamos por Europa, kilómetros y kilómetros de vías de tren, con una mochila y poco dinero. Era nuestro sueño, viajar juntos. Tarareaba y tú soñabas, tumbado a mi lado. Tenías montañas de discos y me  ponías las últimas novedades, nadie sabía tanto de música como tú. Las melodías me atrapaban y se asentaban en mi memoria sin nombre ni apellidos. Tú les ponías nombre a sus intérpretes, a los títulos de las canciones, para que yo los olvidara. A veces estábamos muy cerca, pero al final siempre nos alejábamos, sin saber muy bien quién de los dos huía. Entre nosotros flotaba esa canción, la única de la que recuerdo su nombre y que esponjaba nuestro horizonte.

Hoy he visitado a tus padres, he entrado después de tantos años en tu habitación. Ya no estaban tus discos ni tus libros, pero las paredes guardaban esa canción y ha vuelto a sonar en mis oídos. Nunca escapamos juntos, pero hoy My song me ha subido al tren de la melancolía y me ha puesto alas para reunirme contigo.

* * *

Otro viernes creativo con Fernando Vicente en el bic naranja, este fue el micro con el que participé. Esta vez había que escribir una historia inspirada en una canción elegida por uno mismo. Pásate por aquí para escuchar otras canciones y otras historias.

miércoles, 31 de julio de 2013

JULIO 2013



De mi álbum de fotos de Cádiz (Sancti Petri).

Algunas tardes salíamos a pescar puestas de sol.

martes, 23 de julio de 2013

Pesadilla roja

Es siempre la misma pesadilla. Empieza en blanco y negro, con banda sonora, y termina con el triunfante color de la sangre empapando mis sábanas. No es música de suspense, sino la misma tonadilla pegadiza y estúpida que se ha metido en mi cabeza y que no puedo dejar de oír, ni despierto ni dormido. Lo único que ahoga esa canción es la sangre. Por eso cuando despierto siempre hay sangre en mis camisas, en mis manos, en mi boca, en mis cuchillos de cocina. 

* * *
Este micro surgió de uno de los viernes creativos de el bic naranja de Fernando Vicente. Está inspirado en la cancioncita y el vídeo que podéis ver aquí.

sábado, 13 de julio de 2013

Para el viernes creativo de el bic naranja





Viajo siempre con sombrero y no es cuestión de elegancia. Mi exmujer creía que era para protegerme del sol y de la lluvia. “Frío, frío”, le decía yo. Lo único que necesitaba proteger eran mis ideas, cuando sales al extranjero, puedes acabar contagiándote de la idiosincrasia del país y volver con el deseo de comer solo hamburguesas o de vestir faldas de cuadros mientras tocas la gaita o de descalzarte en cuanto llegas a casa. Lo que nunca pensé fue en dejarme el sombrero en la cama, al acostarme con ella; quizá por eso sigue apareciendo cada noche en mis pesadillas.  


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Aquí va mi participación de ayer en el viernes creativo de el bic naranja, un blog de Fernando Vicente que propone cada viernes una idea para estimular la inspiración. Podéis ver otras buenas historias inspiradas en las imágenes propuestas en el bic naranja

Sueño levensráumico

Esta noche he tenido un sueño claramente influido por el argumento de la nueva novela audiolibro de Pablo Gonz, Levensráumica, novela 35. Podéis escuchar su novela en la nube aquí.  O bien pedir que os la envíe (la regala a quien la solicite) aquí. Si la escucháis, descubriréis qué tienen en común mi sueño y su novela.

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Nuestro antiguo piso, en el séptimo cielo, toda la hilera de balcones


Me desperté en la cama de matrimonio de una habitación que se parecía a la de mis padres de nuestra antigua casa familiar. Sin embargo, había algo que la hacía diferente. Tenía el mismo balcón, cercano a la avenida, por el que entraba el sol de la mañana, pero con las puertas abiertas se oían las voces de la gente que pasaba por la calle como si estuvieran ahí mismo y eso era lo extraño, porque nosotros vivíamos en un séptimo piso. Entonces recordé que había dormido en la habitación que nos había prestado el vecino del primero izquierda, porque teníamos invitados en casa y había tenido que cederles mi habitación. El vecino (dueño además de la mayor parte de pisos arrendados de la casa) nos había dejado que yo durmiera allí. Pensé que debía vestirme para salir de la habitación, pues me encontraría con los dueños de la casa. Pero el resto del piso parecía vacío, al menos no se oía ningún ruido. Mientras me recomponía del sueño, aún en la cama, alguien intentó entrar en el piso, oí la llave en la cerradura. Como yo había echado el pestillo, no pudieron abrir. Pensé que se trataría de los dueños de la casa y me apresuré en levantarme y vestirme para salir a abrirles. Me puse unas mallas elásticas con dibujos geométricos en blanco y negro (que tenía allá hacia mis veinticinco años) y una camiseta. Entonces aparecieron mis padres y la habitación se convirtió en un comedor-cocina-sala de estar. Mi madre estaba empeñada en poner la mesa para la comida, para que los dueños se lo encontraran todo preparado, sería un buen detalle. Ella rebuscaba en los armarios y cajones el mantel, los platos, los cubiertos. 
Yo trataba de quitarle de la cabeza aquella idea descabellada: seguramente la dueña se lo tomaría mal porque mi madre no tenía por qué registrar sus armarios, era una intromisión en su intimidad. Sin embargo mi madre seguía convencida de que debía hacerlo como agradecimiento al favor que nos habían hecho de prestarnos la habitación. Tenía cierto temor a que los dueños algún día les quitaran el alquiler de renta antigua del que disfrutaban entonces, con alguna estratagema legal y deseaba estar a bien con ellos para que eso no ocurriera. Pero no encontraba mantel adecuado, solo un hule feo, marrón, que parecía hecho de papel de cigarros puros. “Cómo vas a poner esa porquería”, le decía yo, pero ella seguía y seguía con su afán de poner los platos, los vasos, los cubiertos. Cuando lo tuvo todo puesto, cogió el tablero y se le ocurrió colocarlo bajo los cojines del sofá. Ahí estaba yo observando alucinada el tablero, con mantel y platos, con los cojines encima y sobre todo ello, una tela que protegía el sofá de los roces y del polvo.


Y entonces apareció un cura vestido con traje negro, de coronilla redonda.

* * *

Notas adicionales para entender el sueño:

Mis padres vivieron en esa casa de alquiler unos cuarenta años, todos los pisos pertenecían a una familia y en el segundo piso vivía la hija del dueño. Cuando mi padre decidió por fin comprar el piso tras pensárselo durante un par de años después de una oferta del dueño, este se murió a los pocos meses sin que se produjera la compra. La viuda emprendió una batalla legal alegando que quería ese piso para otra de sus hijas, única manera que había entonces de hacerse con un piso alquilado con renta antigua. Y mis padres se quedaron de patitas en la calle.

En el primer piso vivía un cura, aunque no se parecía nada al que aparecía en el sueño.

No sé porqué os cuento todo esto, mira tú que os importará a vosotros todo esto, pero aquí está.

jueves, 11 de julio de 2013

Invasión de gatos


El salón se me llenó de gatos. Siete amodorrados sobre el sofá, cuatro en la mesa, tres tomando el sol en el alféizar, dos trepando las  cortinas, uno de paseo por la estantería, más bajo las sillas. Saqué la escoba y eché a volar.


Dibujo de mi hijo Pedro