domingo, 14 de noviembre de 2010

Amor en la lavandería



Ayer fui a la lavandería. Llené una lavadora con mi ropa de toda la semana. Eché el jabón en el cajoncillo, y ya iba a ponerla en marcha, cuando me percaté de que en la lavadora de al lado un tipo vestido de azulón se estaba quitando los calzoncillos rojos.


¡Era Superman!


Superman cogió sus calzoncillos y los metió en su lavadora.

- ¿No va a lavar nada más? – le pregunté.


Superman se puso colorado, al fin y al cabo, estaba delante de una chica sin sus calzoncillos y susurró:


- No.


- Si quiere, puede meterlos con mi colada. No merece la pena poner una lavadora solo con eso, ¿no le parece?


Él asintió con la cabeza, su rostro estaba más rojo que sus calzoncillos.

- Tenga, póngase esto, le dije pasándole el periódico y Superman se cubrió sus partes nobles con él.


- Gracias – musitó.


Cogí sus calzoncillos y los metí en mi lavadora.


Me quedé embobada viendo cómo sus calzoncillos rojos daban vueltas en la lavadora revolcándose con mis bragas de lunares... Un revolcón y otro, y otro más. Miré a Superman sentado con el periódico sobre las piernas, miré otra vez a la lavadora, con envidia, y suspiré.

4 comentarios:

Francisco Javier dijo...

MUY DIVERTIDO

carlos de la parra dijo...

¿Porué será tan tímido Supermán?

Elisa dijo...

¿No se te tiño toda la colada?

Me encantó.

Puri dijo...

Elisa, los calzoncillos de Superman son de super-calidad y no destiñen nunca, jajaja