miércoles, 11 de septiembre de 2013

La caja de juguetes




Al cumplir trece años, metí en una caja de madera mis juguetes favoritos. Y los enterré en una jardinera de la terraza. Llovió. Hizo sol. Viento. Muchas veces. En este orden o en el inverso, incluso todo a la vez: sol-lluvia-viento. Mi madre plantó caléndulas, perejil, petunias blancas. Fui a la universidad. Un día conocí a una chica. Me casé. Mi madre murió. Ya no había caléndulas ni perejil ni petunias. Me llevé la jardinera a mi casa. Planté con mi hija geranios. Revolviendo la tierra, la chica encontró la caja. Ahora mi hija juega con caballos azules y un gran jefe indio. Las canicas me miran con sus ojos de colores. Tienen el mismo brillo, la misma fantasía en sus volutas de plastilina que cuando las gané en el recreo. Por ellas no pasa el tiempo. Sin embargo, las plumas del indio están descoloridas. Y el recreo de mi colegio ya no existe, actualmente hay un edificio horroroso en su lugar. Pero sigo viéndolo cada vez que paso delante de él. En mi corazón algunas cosas permanecen, otras se han ido. Muchas las intento atrapar. He pensado guardar las que pueda en esta caja, de nuevo. Quizá me entierren con ella.

6 comentarios:

Luisa Hurtado González dijo...

Y quizás contigo guardes el mismo brillo, la misma fantasía, como si por tu imaginación no pasase el tiempo.

Purificacion Menaya dijo...

Gracias Luisa, espero guardar esa fantasía y compartirl acon vosotros. besos

Yolanda dijo...

Me encanta cómo escribes Puri. Gran micro
Un abrazo.

Purificacion Menaya dijo...

Se agradece el elogio, Yolanda muchos besos

Anónimo dijo...

Este me ha emocionado. Yo vuelvo a ser niña con mis pequeños...si dejé de serlo alguna vez... Gracias Puri. Irene

Purificacion Menaya dijo...

Irene, disfruta con tus peques. Tú nunca dejarás de ser niña, guapa. ;)