viernes, 1 de noviembre de 2013

Micros terroríficos en Cadena Ser de Ávila


El día de todos los Santos merece un poco de literatura inquietante.

Pablo Garcinuño ha llevado a la Cadena Ser de Ávila tres micros terroríficos de Ana Vidal, Mar Glez y de una servidora. Podéis oírlo aquí:




El micro que ha leído mío, preparado para la ocasión se titula Recuerdos.

Recuerdos

Bajo tan deprisa las últimas escaleras del metro que termino rodando en el último tramo y entre jadeos alcanzo el andén. Nadie me ha seguido, estoy solo. El tren efectúa su entrada, se detiene ante mí, consigo abrir la puerta y me meto en él. El vagón está lleno de pies, solo pies y piernas mutilados me rodean, unos sentados, los más ágiles encaramados en la barra superior, otros enroscados en las barras verticales para sujetarse mejor, pero la mayoría conservan perfectamente el equilibrio sobre sus zapatos. Las puertas se cierran tras de mí y el convoy arranca, unos pies se balancean, algunos aún gotean sangre fresca; zapatos de tacón y medias de seda, mocasines sucios, me alegro al ver unas zapatillas de tenis, pero no, esas no son; los miro con aprensión, tengo miedo, sería horrible equivocarme. Sé que no pueden verme, pero he de reptar junto a ellos con cuidado de no rozarlos para que no me descubran, podrían saltar sobre mí y obligarme a que los recoja, por eso avanzo deprisa, paso con asco, casi sin respirar, entre las extremidades amputadas, ¿y si me confundí de tren? Observo los vagones que culebrean hasta el infinito y rezo para encontrarlos pronto mientras voy dejando atrás pies que sufren de varices, pies aburridos de niño que se rascan la pantorrilla, pies de bota militar que amenazan pisarme, pies seductores de piernas estilizadas que me dan la espalda. ¿Dónde estáis malditos? Tengo que seguir avanzando entre miembros y más miembros de desconocidos, y entonces me parece verlos acercarse a la puerta en el siguiente vagón, no pueden bajarse sin mí y me arrastro como puedo hacia ellos, pero son rápidos, cuentan con la ventaja de mis zapatillas de deporte; me abalanzo en plancha sobre las piernas, para que no escapen; sí, son ellos, por fin he encontrado mis pies. Los beso, beso su sangre seca, los recojo tomando los cordones de las zapatillas entre los dientes, pero en ese momento me asalta la misma duda de siempre: no recuerdo cuál fue la estación del accidente, esa en la que debemos bajarnos para encontrar mis brazos, los que volverán a unirnos de nuevo.

4 comentarios:

Luisa Hurtado González dijo...

Jolines, qué asco y qué...
¿pero qué te han dado?
Me has sorprendido muchísimo y he leído el micro del tirón, hasta el final, que tampoco esperaba, claro.

Purificacion Menaya dijo...

Luisa, al menos has llegado hasta el final. La culpa la tiene PAblo que quería un micro de monstruos o de terror... Ya ves. Besos de chocolate, gracias por venir por aquí

Sara Lew dijo...

Terrorífico de verdad. Soñaré esta noche con pies. ¡Ay! Pero muy bueno, Puri.
Un abrazo.

Purificacion Menaya dijo...

Gracias Sara, espero que no tengas pesadillas!!!