lunes, 13 de diciembre de 2010

Robando turrón a la navidad




Mamá compraba el turrón un poco antes de navidad. Lo guardaba en un armario del cuarto de estar. Algunas tardes me decía, ¿Puri, una barrita de guirlache? Y yo no decía que no, claro. Se acercaba al armario, lo abría y sacaba el guirlache, que compartíamos entre las dos. Ese era el mejor turrón para mí, el de las tardes compartidas con mi madre. Mucho mejor que el que luego preparaba en Nochebuena, en esas fuentes preciosas con mantelillos de papel imitando encajes bordados llenas de jijona, peladillas, turrón del duro, pasas y piñones. El mejor era el dulce guirlache, saboreado en el sofá, con la tele encendida y mamá a mi lado, como si estuviéramos haciendo algo prohibido. Robando a la navidad un anticipo de turrón.

2 comentarios:

Torcuato dijo...

Esos recuerdos son más dulces que el propio turrón.
Un beso.

Puri dijo...

Torcuato, dulces y tiernos como el jijona, no como el guirlache con el que te dejas las muelas...