lunes, 27 de diciembre de 2010

Nochebuena


En Nochebuena mi madre preparaba mesas de cuento, con todos los lujos y detalles: el mantel de encaje, la vajilla con filo de oro, la cristalería soltando destellos bajo la lámpara de araña, la cubertería con el brillo del acero inoxidable, el platito de plata con su panecillo a la izquierda, las velas rojas anunciando la navidad. Comilonas tremendas como mínimo para veinticuatro comensales, con consomé, pastel de pescado, langostinos y pollo relleno, mouse de piña y para terminar, esas fuentes que parecían un laberinto de frutos secos y turrón. Mi madre tenía que estar agotada, pero siempre lucía esplendorosa, con su mejor vestido, entregando su sonrisa a los abuelos, a los hijos, a los tíos, a los primos… Y a la mañana siguiente, vuelta a preparar otra mesa para Navidad. Y otra en Nochevieja y otra más en Año Nuevo… Era el cuento de nunca acabar.

3 comentarios:

Daniel J. Hernández dijo...

Hermoso Puri :)

Aquí en México se celebra de igual forma, tremendos tragones, todos invitados formales...

Un abrazo.
Felices fiestas.

Puck dijo...

Nunca acabar y cada año vuelta a empezar.
Feliz navidad!!!

Puri dijo...

Si chicos, es la rueda de la navidad que no para de girar...