jueves, 4 de agosto de 2011

Un 600 en la autopista

La primera sorpresa que nos encontramos en nuestras vacaciones fue esto:



No me digáis que no tiene mérito hacer un viaje desde Bilbao a Burgos con esta maravilla de coche... Toda una joya antigua bien conservada. Llamaba la atención entre el tráfico de la autopista con su alegre amarillo cantando orgulloso como si fuera un canario recién escapado de su jaula. Por supuesto lo adelantamos, admirados de encontrar un 600 tan marchoso y en forma. Cuando paramos en el área de descanso, él entró un poco después. El pobre ya llegaba sin aliento, con el motor recalentado y había que dejarlo enfriar un poco, por eso tiene el portón de atrás abierto. Según me contaron sus dueños, le acababan de cambiar el motor y cuando llevaba ya mucho rato en marcha se calentaba y... se paraba. Sus dueños no sólo me dejaron hacerle una foto, sino que me propusieron tomarme la foto dentro de él. Así que ahí me tenéis, presumiendo de 600 prestado durante un minuto. Desde aquí les doy las gracias por el préstamo, estoy segura de que llegaron a su destino con éxito. La hazaña de viajar así es de héroes, de héroes de otro tiempo, de nostálgicos enamorados de cacharros antiguos. Ellos mismos decían que tenía sus inconvenientes, claro, pero se les veía orgullosos de aquella máquina que aún respiraba y corría por las autopistas, entre la furia desenfrenada de los coches modernos. Es otra manera de viajar, desde luego, a un ritmo más tranquilo y sosegado que el de los viajeros actuales, disfrutando del paso del tiempo y del paisaje a la velocidad de antes y con el sabor y el rumor de otros tiempos.

Siempre me gustaron los 600, es un coche redondo y simpático, el burrito conquistador de las carreteras de la clase popular española, que hizo posible a tantos domingueros tomarse la tortilla de patata en el campo; me gustaba entonces pon su tozudez para estar ahí, entre coches mucho más grandes, potentes y elegantes; él, el feo, pequeñajo y traqueteante, conseguía los limitados sueños de muchas familias; me gusta ahora, porque me trae recuerdos de aquellos años. ¿Y qué me decís de su amplia capacidad? Cuando empezaban a bajar personas y bultos de un 600 parecía mentira que todo aquello hubiera cabido ahí, recordad el chiste: ¿Cómo meterías cuatro elefantes en un 600? Dos delante y dos detrás...

Al mirar el mundo desde allí dentro, tuve una sensación de irrealidad, de vértigo extraño: era como estar en una burbuja del pasado, pero flotando dentro del presente.

6 comentarios:

Luisa Hurtado González dijo...

Son y serán siempre coches geniales, una época en sí mismos que recordamos con cariño.
Es un coche que se merece ese color alegre y llamar la atención como lo hace.
Siempre me parecieron un huevo.

Rocío Romero dijo...

¡Qué bonito! Mis padres tuvieron uno azul que murió de viejito (yo creo que tendría ya sus 20 años cuando lo retiraron), era el coche en el que "practicaba" mi madre -no el familiar- y lo teníamos como una especie de mascota. Tienen carita de animalillo mimoso ¿verdad?
Me encanta. Pásalo bien y muchos besos

Elysa dijo...

Hacer un viaje en esa joya es otra forma de pasear por la carretera. Me trae muchos recuerdos y todos agradables.
Besitos

montse dijo...

Parece un juguete. Y el color acentúa esa sensación. Es agradable comprobar que hay gente que aún siente un mínimo de cariño por algo que otros califican de objeto.

Javier dijo...

¡Qué maravilla y qué recuerdos! Fue el primer coche que tuvieron mis padres, y gracias a él, entre otras cosas, nos pudimos comer muchas tortillas de patata en nuestras escapadas al campo. Ahora, esos viajes nos parecen muy divertidos pero cuando se calentaba y tenías que parar para echarle agua…
Por cierto, te ves muy guapa en “tu” 600 amarillo.

Puri dijo...

Luisa son coches geniales de verdad, mercen todo nuestro cariño.

Rocío, cuando estaba subiendo la foto aquí me dije, tenía que haberle hecho una foto de frente, como tú dices tienen una carita muy divertida.

Montse, juguetes de niños grandes, de colección.

Javi, no, no debía ser muy divertido, ya me acuerdo de aquel 600 rojo y regordete...