domingo, 30 de enero de 2011

Cuando la lluvia llora


Llegué a casa con el impermeable mojado y el alma seca. Demasiados sentimientos se atravesaban en mi garganta. Miré por la ventana. La lluvia continuaba, veía el agua en el aura de las farolas. Una gota de lluvia, en el cristal de la ventana, cayó deprisa, atrapando en su camino más gotas para convertirse en un arroyo rápido que alcanzaba el borde de la ventana. Otra gota y lo mismo, más arroyos tristes corriendo en mi ventana. A veces no basta con que la lluvia caiga sobre nosotros para empaparnos de tristeza, a veces hay que ver la lluvia llorando en la ventana y es entonces, bajo el techo cubierto, cuando atraviesa el corazón con sus manos húmedas. Lloré, por fin. Mi impermeable ya estaba seco, pero ahora tenía el alma mojada.

5 comentarios:

Puck dijo...

Precioso. Me ha gustado mucho eso de que "a veces no basta que la lluvia caiga sobre nosotros para mojarnos". Saludillos

Torcuato dijo...

Precios, Puri. Final perfecto.
Un beso

Puri dijo...

Gracias Puck, Torcuato. Me alegro de que os haya gustado. Besos

Javier dijo...

Y que difícil es encontrar un paraguas que nos proteja de esa tristeza que a veces nos empapa por dentro. Puri, un relato muy bello

Puri dijo...

Javier, lo mejor es llorar un rato para secarse la pena... Besos