domingo, 20 de enero de 2008

Mar de nubes


Habíamos llegado al mar de nubes, se extendía ante nosotros infinito y deslumbrante. A nuestras espaldas oíamos los cascos de los caballos de nuestro enemigo, no había escapatoria. La única esperanza se encontraba frente a nosotros, en esa brumosa luminosidad a la que no nos atrevíamos a saltar. Cerré los ojos y pedí un deseo. Un deseo imposible, etéreo y al mismo tiempo denso como la niebla, un deseo al que poder aferrarme, aunque sea imposible agarrarse a una nube.
Los gritos de Alba me hicieron abrir los ojos:
- ¡Un barco! ¡Un barco!
Yo también lo veía, una goleta antigua con las velas desplegadas, su silueta negra surcando el mar de nubes.
- ¡Y viene hacia nosotros! – exclamé.
Atracó frente a nosotros y nos echaron una escala con la que nos izaron a la nave. Pronto se alejó del acantilado. Allí quedaron burlados los caballeros de Margot, maldiciendo nuestra buena suerte.

domingo, 6 de enero de 2008

Un niño de verdad

Estaba escribiendo en mi estudio. En el silencio de la noche, oí que alguien golpeaba en el cristal de la ventana y me volví. Una criatura diminuta y luminosa, golpeaba con sus nudillos el cristal. Era un gnomo o algo parecido, con un gorrito verde del que colgaba un pompón blanco, traje y calzas también verdes y botines marrones.
- ¡Ábreme! - le oía gritar con su vocecilla.
Abrí la ventana y saltó al interior, aterrizó sobre la mesa donde estaba trabajando. El ordenador estaba encendido. Miró la pantalla y preguntó:
- ¿Estás escribiendo una historia?
Asentí, le dije que me gustaba escribir.
- ¿Has escrito alguna vez un cuento para niños?
Le contesté que sí, que muchas veces escribía para niños.
- ¿Y has escrito alguna vez un niño para un cuento?
Volví a contestarle que sí, todos los escritores creamos con palabras niños que son personajes de nuestros cuentos.
- No, no me refiero a eso –replicó -. Quiero decir escribir un niño. Un niño de carne y hueso, y meterlo en un libro y que jamás pueda salir de allí.
Entonces pensé que eso es lo que había pensado hacer alguna vez con mis hijos. Cuando los observo jugando entre ellos, con sus muñequitos, inventando mundos fantásticos e historias disparatadas, si pudiera atraparlos en ese instante y meterlos en un libro, sería el cuento perfecto. El que cualquier niño desearía leer, porque los protagonistas serían niños auténticos que juegan a lo que los niños de verdad juegan, no a lo que inventamos los adultos. Pero solo había una cosa que no me gustaba:
- Me encantaría hacerlo, pero yo no querría encerrar al niño en un libro, sin que pudiera salir. Sin que pudiera vivir su vida de verdad.
- Conozco a una bruja que lo hizo. El niño gritaba y gritaba y quería salir, pero ella pronunció un conjuro y se quedó allí dentro, para siempre.
-¿Y donde está ese niño ahora?
- Sigue dentro de ese libro, claro. Tiene ciento noventa y cinco años pero continúa siendo un niño. Sin embargo la bruja que lo encerró se murió. Y ya nadie puede romper ese conjuro.
- ¿No hay ninguna manera de liberar a ese niño? ¿Ni siquiera leyendo el libro?
- El que lee el libro vive su historia, pero para sacarlo hace falta magia. Necesita que alguien le cree una historia nueva. Por eso he venido a pedirte ayuda.
- ¿Quieres decir que si yo escribiera un libro donde él saliera del cuento a la realidad y se hiciera un hombre, conseguiría sacarlo de su libro?
- Yo creo que eso es lo que está esperando.
- Pero si le creo una historia, volveré a encerrarlo en otro libro.
- Solo necesita el principio de una historia que le permita salir de allí. Después debes dejarlo solo, para que viva su propia vida.
- ¿Y dónde está ese libro? Primero tendré que leerlo.
- En la biblioteca de la ciudad lo encontrarás. Solo hay un ejemplar de ese libro, se titula "Un niño de verdad".
Me comprometí a leer ese libro y a echarle una mano a su protagonista para salir de él. Tengo ese libro ahora en mis manos. Ya solo me queda imaginar como será la vida de un niño que se ha pasado más de ciento noventa años entre las páginas de un libro, jugando y pasando aventuras y que de repente aterriza en nuestro mundo. Solo tengo que darle un empujoncito para que entre en un orfanato, le busquen unos padres adoptivos, vaya al colegio, allí conocerá a otros niños, unos buenos con los que pasará sus mejores ratos y otros odiosos que le harán sufrir, y también tendrá que hacer deberes y podrá leer, jugar al fútbol (aunque no le guste el fútbol), y crecerá y amará y odiará y trabajará… ¿Llegará un momento en que ese niño sienta nostalgia y quiera volver a su libro y no desee volver a salir de él? Quizás, pero para entonces el niño ya no será un niño y su libro sólo existirá en su recuerdo. Jamás podrá volver a ser "Un niño de verdad".

lunes, 31 de diciembre de 2007

¡feliz año nuevo!


"Hoy es el día en que sale de casa un hombre que tiene tantas narices como días le quedan al año".

En la noche de San Silvestre, las brujas celebran su aquelarre de fin de año. Es la última noche y en vez de ponerse melancólicas, saben que es el momento de apreciar lo que tienen. Las brujas comen y beben y cantan y bailan y ríen y recitan conjuros mágicos en un brindis secreto con su persona amada. A esta bruja nunca le gustó comer uvas en fin de año, prefería los piñones, pero a regañadientes masticaré la tradición y procuraré no atragantarme.

Que las doce campanadas nos traigan doce deseos de amor, de paz y de felicidad. Y que le demos un respiro al planeta consumiendo menos y ahorrando más.

Mañana estrenaremos el año 2008. Que sea como estrenar un traje nuevo lleno de ilusión, un traje de muchos colores que nos quite el polvo de la rutina. Y que esa ilusión nos dure para llevar a cabo nuestros proyectos. Yo espero encontrar alguna historia nueva en los bolsillos de ese traje.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Gato con guantes

Frido era un gato muy fino,
distinguido y señorial,
la elegancia de un minino,
parecía una postal.

Las uñas quería tener
afiladas a más no poder.
Arañaba y arañaba
la madera en su rincón.
Y que no se estropearan,
era su gran preocupación.

Por eso usaba guantes,
pues era muy elegante.

Guantes blancos por el día
cuando salía a pasear,
guantes negros por la noche,
si con la luna iba a bailar.

Usaba guantes de goma
para fregar la vajilla.
Usaba guantes de seda
para limpiar su mejilla.

Con las patitas enguantadas,
protegidas, bien mimadas,
saltaba sin hacer ruido,
muy valiente y decidido.

Solo una cosa no podía
hacer con guantes jamás;
todo el mundo lo sabía
y él lo sabía aún más...

Pero un día se olvidó
y los guantes no se quitó.
Un ratón vio pasar
y se lanzó a cazar.

Sus patas resbalaron
sobre la piel del ratón,
los guantes se rompieron
sin conseguir ni un mechón...

Porque gato con guantes no caza...
¡No caza ni un melón!

sábado, 3 de noviembre de 2007

Otoño

Un paseo por Ordesa...



El otoño ya ha tocado con sus manos mágicas los bosques convirtiéndolos en una cueva de colores rojos, amarillos y ocres. Las fotos fueron tomadas el sábado pasado en el valle de Ordesa, en una excursión por esos bosques de hayas en los que crees que te va a salir un duende a la vuelta del camino. Pronto todas las hojas estarán en el suelo, los árboles se preparan para dormir y resistir el invierno.
Ahora solo nos falta que llueva, para que el otoño cumpla otra de sus misiones: humedecer y preparar la tierra para la primavera. Que se note el paso del otoño en la humedad de sus bosques. Y también le pido al señor invierno que traiga un poco de nieve en su equipaje. Nieve para todos: para las montañas, para los ríos, para que los niños puedan hacer gordos muñecos de nieve…


Nosotros también podemos dejar caer nuestras hojas secas, arrojando todas aquellas cosas que nos sobran: los temores, las rabias, los enfados. Respirad el aire frío del invierno que nos hace fuertes, dejaos envolver por el abrazo de los que os quieren y que os dará calor en el corazón. Jugad con las hojas secas y el viento, con la nieve que congelará vuestras risas; leed libros en casa, calentitos, para alegrar vuestra cabeza sedienta de aventuras.

Que la melancolía del otoño nos haga un poco más fuertes y, aunque parezca una contradicción, más felices.




viernes, 12 de octubre de 2007

Monstruo, ¿vas a comerme?

Este es el último libro que he publicado con la editorial BAMBÚ. Tiene unas deliciosas y divertidas ilustraciones de Petra Steinmeyer, que ha hecho un trabajo estupendo. Cuando vi el libro terminado me encantaron sus dibujos, y cada vez que los vuelvo a ver me gustan más.
Un poco de miedo y mucha ternura, en este libro de un niño y un monstruo muy especial. Podéis ir encargándolo en vuestra librería habitual, aunque quizá tarden unos días en traeroslo, la distribución acaba de empezar...
Título: Monstruo, ¿vas a comerme?
Editorial: Bambú
Serie: Primeros Lectores
Puedes ver este libro en la Editorial Bambú aquí

Tarta de chocolate

¡Chocolate, chocolate!
¡Al rico chocolate!


Pon leche, cacao y harina
- dice mamá en la cocina -
con cuchara revolvemos
y un buen chocolate cocemos.

El chocolate suculento,
hierve en la olla contento
¡Blup, blup!, la burbuja
canta la canción de la bruja.

¿Lo ves?
¡Qué fácil es!

Harina, azúcar y huevos
otra vez revolvemos,
bien batido y removido
en el molde lo he metido.

¡Ya está!
¡Al horno va...!

Coge el bizcocho redondo,
pon mermelada de fresa,
por fuera crema espesa
de chocolate hasta el fondo.

Lo dejas sobre la mesa
y esperas...
que la crema quede tiesa.

Juan se acerca muy quedo,
quiere meter el dedo
y probar el chocolate,
mamá exclama: ¡tate!
¡Qué nadie meta el dedo!
¡Huellas no quiero!

La tarta está preparada.
¡Tarta de chocolate!
aplaude Marta ilusionada.

Es el cumpleaños de Juan,
le pondrán tres velitas
con sus lucecitas.

¡Llegan los invitados!
¡Besos y muchos regalos!

Amigos, tíos y primos
abuelitas y abuelitos,
esperan la tarta más rica
que ni quema ni pica.

¡La tarta, la tarta!
gritan dando palmas...

Juan con la tarta delante
es el momento más excitante:
- Soplaré, soplaré
y las velas apagaré
- dice Juan,
aullando como el lobo.

Las velas Juan apagó,
Feliz cumpleaños se cantó;
mamá partió el pastel
y ni una miga quedó de él.

¡Qué rico está!
¡Yo quiero un poco más!