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jueves, 15 de mayo de 2014

Primavera de relatos indignados 2014




Cada mañana, nuestro pulcro ministro disimula las sombras bajo sus ojos con un quitaojeras que roba a su mujer. Lee las noticias en su tablet mientras añora los viejos tiempos de los periódicos en papel, cuando después del desayuno, y tras su diaria defecación, se limpiaba el trasero con las páginas de las miserias cotidianas y se libraba de ellas con un simple gesto: tirar de la cadena. Ahora sale de casa y las miserias —el paro, las protestas juveniles de los estudiantes sin futuro, las seniles de los jubilados, las exigencias de los políticos europeos de caninos vampíricos— siguen agazapadas en su tablet y si enciende la radio del coche también zumban en la voz de ese locutor que pincha con su aguijón afilado. Claro que puede cambiar de emisora y escuchar las alabanzas de sus amigos que le invitan a seguir por el buen camino, ese que lleva sin rodeos a la bonanza de los paraísos fiscales y las benditas corruptelas, con un final feliz en el que todos ellos comen perdices. Pero los jóvenes están otra vez ahí, interrumpiendo el tráfico en la avenida, y también los viejos con bastones alzados, y las palomas salen volando de estampida y se le cagan en el parabrisas sin que lleve la puñetera escopeta… Añora tanto los viejos tiempos, que dicta leyes que retornan al pasado y solo así se siente seguro y en paz cuando vuelve a casa y se calza las zapatillas, aunque sus ojeras vuelvan a asomar.


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Un año más, los relatos indignados inundan la red en primavera en

jueves, 16 de mayo de 2013

Menú con proteínas






Rosa escucha en la radio: la FAO recomienda incluir insectos en la alimentación por su valor proteico y nutritivo, y por su accesibilidad entre los más desfavorecidos. Ante la nevera pelada, se dice que eso puede ser una alternativa para el menú de mediodía para sus hijos. Las moscas, no, qué asco, a saber dónde han estado rondando. Desde que perdió el trabajo, tiene la casa limpia como una patena, así que no encontrará ni una miserable arañita que llevarse a la boca. Los saltamontes se parecen a las gambas, pero no hay en la ciudad y a las escasas mariposas del parque cualquiera las atrapa, además le daría pena sacrificar esa preciosidad. No quiere ni pensar en abejas ni abejorros peludos, pican y le dan repelús. El estómago se le revuelve pensando en Lucky Luke y las hormigas con miel de los indios del oeste, pero parece lo único a su alcance. Baja al parquecillo y en el hormiguero donde enseñó a los niños la organizada vida de estos insectos, hace acopio de un buen manojo de ellas que va acumulando en una bolsa de plástico.
Se pregunta cómo prepararlas, si tuviera un huevo al menos podría hacerlas en tortilla. Pero ni para huevos estamos a fin de mes. Cuece unas patatas, bien caldosas, y añade en el último hervor las hormigas. Piensa que unas mariquitas le hubieran dado un punto de color, atractivo para los niños, pero eso sería un lujo.
Cuando los niños vuelven a casa del cole, se sientan a la mesa y ella les tritura las patatas con un tenedor. Alberto pregunta qué es eso negro que parece que tiene patas, ella contesta que son unas hierbas nuevas.
—No me gustan las hierbas, ya lo sabes —protesta.
—Pues imagina que son hormiguillas que te hacen cosquillas en la tripilla.
 Ana se ríe y dice:
—¡Mmm, qué ricas, las hormigas!
Mientras los chicos se zampan sin remilgos las patatas, haciendo bromas sobre las hormigas, Rosa se dice que no pueden seguir así. Mañana bajarán al comedor de la parroquia, con la cabeza bien alta.


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Esta es mi participación en la 2ª  Edición de Primavera de Relatos Indignados, tercera jornada: 16 de mayo).

Nos vemos en la alambrada y en Madrid el sábado, los que vengáis a la III Microquedada Microrrelatista!!!! Ya no queda nada.

jueves, 18 de abril de 2013

El estanque indignado






La rana, desde su hoja de nenúfar, contempla su rostro reflejado en la charca.
—Espejito, espejito mágico, ¿quién es el batracio más indignado del reino? ¿Es Mauricia, que la desahuciaron de sus verdes juncos y pide desesperada algo de comer para sus hambrientos renacuajos en el fango de la beneficiencia? ¿Es la joven Martina, que no encuentra trabajo ni de limpia-ancas y ha decidido emigrar a la gran charca allende los mares? ¿Es Clarita, la médico que sueña con recetar esos carísimos fármacos mejorados que no están permitidos por la ministra de sanidad? ¿Es...

El estanque agita sus aguas, su superficie tiembla en ondas concéntricas, aquieta poco a poco la turbulencia y tras un silencio de cristal responde:
—Ah, mi adorada ranita, mi ama desde el principio de los tiempos, el mayor indignado soy yo, que os veo reflejados a todos, cada cual con su sufrimiento a cuestas; y sobre todo veo a los que, como tú, os apoltronáis cada noche frente a mí en vuestros sofás, comiendo mosquitas, para contemplar el triste reflejo de esta charca venida a menos, sin atreveros a mojar un anca por miedo a perder el cómodo nenúfar donde se asientan vuestras posaderas.



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Esta es mi participación en la 2ª  Edición de Primavera de Relatos Indignados, segunda jornada: 18 de abril).
Los Indignados, al menos, seguimos levantándonos cada jueves de la comodidad de nuestro sofá.