Siempre suelo poner por aquí la foto de nuestro primer castillo del verano, pero este año se me pasó...
A finales de junio, en nuestra primera escapada playera, mi arquitecto de arena Pedro levantó esta maravilla que podéis contemplar arriba, con un regimiento de soldados a sus pies.
Y ahora, en Septiembre, la arena de Peñíscola se transformó en sus manos en nuestro último castillo de este verano. Ayyyy... Ayer fue nuestro último día en la playa. Despedimos el verano y las vacaciones con este castillo:
Entre uno y otro hemos visitado muchos castillos más, en Francia:
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| Chateau de Castelnaud
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| Chateau de Beynac |
Y otros...
Y por último, nuestro amado castillo del papa Luna en Peñíscola, que es una fortaleza inexpugnable sobre el azul del mar y que siempre nos hace soñar con los caballeros templarios que lo poblaron y con el retiro del increíble papa Luna que se refugió en él y al que no pudieron, ni siquiera sitiándolo, sacar de allí hasta su muerte a los noventa y tantos años.
Pero los castillos de arena de mi hijo Pedro son siempre los más entrañables. Efímeras y maravillosas fortalezas que desaparecen tragadas por el mar. Cada día de playa tenemos un castillo nuevo. En todos esos castillos soñamos, jugamos y me gustaría perderme dentro de sus paredes de arena, refugiarme en ellas para no tener que volver de la playa...