sábado, 22 de septiembre de 2012

Deberes de septiembre





—Para mañana —dijo la señorita—, tenéis que escribir una redacción con el tema “Mis vacaciones”.
—Las vacaciones no pueden ser deberes —le dije a mi mami muy enfadado, de camino a casa—. Voy a dejar la hoja en blanco.
—Esa es la verdadera libertad  —dijo mamá— Pero sabes que no puedes hacer eso.
—¡Buf!
 Al final escribí esto:

Mis vacaciones
(…………………………)


La profe mostró mi cuaderno a toda la clase:
—Martín, ¿qué significa esto?
—Una libertad que empieza a final de junio y termina en septiembre.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Nueva publicación de Nanoediciones




Cuando mis dos pequeños lectores de la casa (los de la foto) me vieron los últimos libros que he conseguido, se los agenciaron inmediatamente y he tenido que esperar a que ellos se los leyeran primero, para poderlos leer yo. Y es que el tamaño de esta preciosidad está hecho sin duda a su medida, como podéis ver. Pinchad en la foto para ampliarla, que merece la pena verla en grande.

Este es el último número de Nanoediciones, una obra en un par de libritos titulados Llamara(u)das que se recogen en una caja de cerillas, con veinte nano-textos de Víctor Lorenzo Cinca y la contraportada de Manu Espada. Veinte cerillas con cerillera incluida para celebrar el cumpleaños de Víctor. Me falta la caja de cerillas, con portada ilustrada por Juanlu (el tercer genio de esta creación), que espero poder hacerme pronto, en cuanto Víctor lo publique en su blog.

Los textos no tienen desperdicio, las contraportadas son otra maravilla y el buen hacer del dibujante también es de sobras conocido. Así que no os lo perdáis, pinchando aquí los podéis ver y descargar y también encontraréis cómo montar esta pequeña joya. 

domingo, 16 de septiembre de 2012

BOOK, un nuevo producto revolucionario

Hoy es mi cumpleaños y espero que alguien me regale un nuevo BOOK de estos. En realidad, llevo toda la vida rodeada de ellos. Descubrid vosotros también el nuevo

viernes, 14 de septiembre de 2012

El primer y el último castillo del verano




Siempre suelo poner por aquí la foto de nuestro primer castillo del verano, pero este año se me pasó...

A finales de junio, en nuestra primera escapada playera, mi arquitecto de arena Pedro levantó esta maravilla que podéis contemplar arriba, con un regimiento de soldados a sus pies.

Y ahora, en Septiembre, la arena de Peñíscola se transformó en sus manos en nuestro último castillo de este verano. Ayyyy... Ayer fue nuestro último día en la playa. Despedimos el verano y las vacaciones con este castillo:




Entre uno y otro hemos visitado muchos castillos más, en Francia:


Chateau de Castelnaud

Chateau de Beynac
Y otros...

Y por último, nuestro amado castillo del papa Luna en Peñíscola, que es una fortaleza inexpugnable sobre el azul del mar y que siempre nos hace soñar con los caballeros templarios que lo poblaron y con el retiro del increíble papa Luna que se refugió en él y al que no pudieron, ni siquiera sitiándolo, sacar de allí hasta su muerte a los noventa y tantos años.


Pero los castillos de arena de mi hijo Pedro son siempre los más entrañables. Efímeras y maravillosas fortalezas que desaparecen tragadas por el mar. Cada día de playa tenemos un castillo nuevo. En todos esos castillos soñamos, jugamos y me gustaría perderme dentro de sus paredes de arena, refugiarme en ellas para no tener que volver de la playa...

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Despedida


Ilustración de Juanlu


Me hundo en el último sorbo de tus besos.

* * *

Un dibujo de Juanlu para un mini-mini relato.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Albi, en la nave de los locos




Este verano estuvimos casi dos semanas por Francia. Un viaje maravilloso, es un país tan verde y de pueblos tan preciosos que me da mucha envidia. Al regresar, visitamos Albi. Hace unos días, en la Nave de los locos, Fernando Valls publicó mi crónica sobre la ciudad. Podéis verla aquí. Gracias a Fernando por dejarme navegar en su nave.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Olas de verano




imagen de la red


Había huido de la ola de calor a Mallorca, pero ni siquiera las olas del mar eran capaces de aplacarla. “En resumen, el siguiente paso será conseguir una condonación de la pena”, le dije a mi socio desde la playa por el teléfono móvil. Al colgar, el bronceador había dejado su grasa en la pantalla y mis huellas dactilares se marcaban claramente en ella. El móvil estaba tan pringoso como los billetes que nos entregó el carnicero para pagar su fianza. Miré el mar sin verlo, recordé el olor del crimen que impregnaba aquel dinero, y una ola de nausea me atrapó. Había huido también de mi lujoso despacho que, bajo sus brillos, destilaba la mugre del dinero sucio, pero mi socio me devolvía a él con un toque de teléfono. Él carecía de problemas de conciencia. Deseé que el mar, con una ola gigante, barriera mis escrúpulos.

* * * 

Mi participación en el concurso de relatos de abogados del mes de agosto.