lunes, 1 de septiembre de 2014

Un oasis en cada esquina

(traéme un puñado de arena para mi jardín zen)

Paseaba por las orillas del río, recogiendo todo lo que encontraba en los bolsillos de su falda: hilachas de niebla, arcoíris en cristales rotos, crujidos de hojas secas, frutos de escaramujo, flores silvestres, las ráfagas de cierzo que se le metían por todo el cuerpo sin pedir permiso... Algunos días pensábamos que el viento se la llevaría volando para reunirla con sus hermanos serafines, pero ella le plantaba cara y no se dejaba arrastrar, pues tenía alma de ángel de tierra, de esos que vuelan sin levantarse ni un palmo del suelo, y, cogidos de su mano, nos hacía volar también con ella, con sus historias contadas al oído.
Una de esas tardes, recogió un grano de arena y, contemplando aquella partícula infinitesimal en la enormidad de su mano, tuvo la certeza de que el mundo entero cabía en él. Guardó el grano de arena en una cajita y desde de entonces, los tesoros con los que tropezaba en sus paseos iban a parar dentro del grano de arena. Allí, con las hilachas de niebla tejía bufandas para el verano, los arcoíris reinaban en el cuarto de los niños, los crujidos de hojas secas sonaban como las zapatillas de la abuela arrastrándose por el largo pasillo, los escaramujos se convertían en narices de payaso, y las flores, unas veces terminaban engarzadas en guirnaldas para las fiestas, y otras como hermosas coronas funerarias. Y hasta conseguía calentar el cierzo con su aliento para transformarlo en siroco. Al atardecer, los silbidos de los estorninos piropeaban a las chicas guapas, mientras que las plumas de cisne hacían cosquillas a las chicas feas.

Su grano de arena se llenaba cada vez más, y sus amigos y admiradores nos acercábamos a mirar cómo crecía y crecía… Y ella nos mimaba… La sonrisa explosiva de una ninfa isleña retumbaba en las paredes del grano y un martín pescador que siempre se quejaba de pescar botas en mal estado acababa comiéndose sus deliciosos pescados al horno. Con el envés aterciopelado de las hojas de los álamos arropaba a las ranitas hartas de la humedad de las charcas, y sus encantamientos atraían a las brujas de ciudad. Algunos viernes se dejaba tentar por unas concurridas fiestas de letras y enviaba al anfitrión una de sus tormentas de arena. Y princesas norteñas leían y releían sus historias largas, animándole a ampliar el horizonte del pequeño grano de arena.

Hasta que a nuestra amiga la empujaron a conocer otros mundos. Lo que nunca pudo imaginar es que viajaría a un lugar lleno de granos de arena. Un mundo que parece estar en otro mundo, pero que está en este.

Desde allí nos llegarán sus soplos de viento simún cargados de nuevas historias, más cálidas, o quizá más frías, para compensar las temperaturas agobiantes del lugar. Y nos perderemos en su desierto, con la esperanza de encontrarnos con nosotros mismos, pero sobre todo, para encontrarnos con ella. Porque aunque le gusta sembrar la inquietud en los espejismos, también  habrá plantado un oasis en cada esquina para sacarnos de la arena.

* * *

Para Ángeles y para todos aquellos que disfrutáis de su mundo en un grano de arena.

5 comentarios:

Anita Dinamita dijo...

Ohhh, Puri, qué cosa más bonita. Ahora la arena del desierto está llena de mundos.
Un super abrazo de ninfa explosiva.

Kum* dijo...

Oí "nariz de payaso" y pensé que me llamaban. Ya veo que hoy la cosa va de arenas y de ángeles, es decir, de maravillas.
Ángeles es, a mi payaso entender, una de las mejores escritoras que nunca he leído. Ella aún no lo sabe, pero algún día despertará, y entonces, señoras y señores... nos vamos a cagar.

Bello tu homenaje, brujita.

Besos payasos.

Pd: no hay chicas guapas o feas, hay cánones y maneras de mirar. A fe mía.

Ángeles Sánchez dijo...

Ayer dejé un comentario y ha desaparecido. Hoy, lo mismo. Este desierto arrampla con todo. Tendré que empezar a cavar un agujero, con pala y rastrillo, a ver dónde se fueron mis letras.
Decía, ayer, hoy, que sigo con la lagrimilla encallada aquí, justo donde el ojo se trasforma en pestañeo. Y que estoy preparandote un minúsculo atillo repleto de palmeras, camellos, dunas, inciensos, y un puñado de arena fina, de esa que parece líquida, para tu jardín zen.
Aunque pienso que sois unos exagerados, los tres, Puri, Ana y Kum*...es tarde, demasiado tarde para despertar.

Besos de sol

Kum* dijo...

"es tarde, demasiado tarde para despertar."

Nunca es tarde si la arena es buena, mi querida maestra. Y no me obligue usted a mandarla a la mierda, hágame el favor.

Y besos, claro. Payasos.

Purificacion Menaya dijo...

No somos exagerados, niña! Es la realidad.

Como dice Kum*, nunca es tarde para despertar ni para despegar, y menos con esas alas de angel....

Kum*, veo que esa nariz de payaso tiene unas buenas orejas que se enteran de todo... Tienes razón también en lo de las chicas, lo de guapas o feas, es una etiqueta que gente de miras estrechas solo sabe poner siguiendo los cánones establecidos en cada momento.

Besos de chocolate a los tres!!!