domingo, 7 de septiembre de 2014

Confesiones de un naúfrago


En la isla no había Viernes, ni siquiera viernes, el tedio de los días iguales unos a otros me abrasaba en la playa, sin otro quehacer que la contemplación de aquella marina infinitamente hermosa. Si al menos hubiera tenido alguno de los libros que citaba cuando los periodistas me preguntaban: “¿Qué se llevaría a una isla desierta?”. Miento, jamás me preguntaron eso; en realidad, cuando en la televisión entrevistaban a otro, me imaginaba a mí mismo enumerando mis autores preferidos. Después del naufragio, mi único entretenimiento consistía en escribir sobre la arena versos que las olas lamían con avidez. Tras aquella golosina, su espuma se tornaba liviana, sedosa, más burbujeante. Y como recompensa, las olas retrocedían, se enrollaban sobre sí mismas para arañar el fondo de mar, tomaban impulso desplegándose hacia arriba, hacia la orilla, y una espiral de peces llovía a mis pies. Todas las tardes. Era la primera vez en mi vida que recibía un sueldo por escribir.

No escarmentaré nunca. Mis sueños nunca se cumplen. Hace tres noches, arrojé una botella al mar. En ella había soplado unas palabras de auxilio: “Por favor, no vengan a rescatarme”.  

5 comentarios:

Anita Dinamita dijo...

Qué bonito, Puri, no sé si probar... mira que aquí los peces están casi en la orilla.
Besos

Purificacion Menaya dijo...

Ana, Seguro que con tus versos y tus micros, funciona, qué más quisieran las olas que probarlos!!!
Besos de chocolate

Miguel jiménez salvador dijo...

Me encantaron esas olas ávidas de palabras Puri.

Besos.

Luisa Hurtado González dijo...

Un sueldo por escribir.... qué bonito me ha resultado eso.

Pasas de "una parente tristeza o soledad" a "una existencia plena y feliz".
Qué bien. Y qué transición más suave haces entre dos mundos tan opuestos

Purificacion Menaya dijo...

Gracias Miguel, estas olas son unas poetas también.

Luisa, sí que nos gustaría eso, un sueldo por escribir, ¿eh? ;)

el micro va de la soledad a la felicidad, como tú dices, pero el final no pretendía ser feliz. Quizá debería haberle puesto de título "El rescate", lo cambié y no sé yo si el destino del naúfrago queda claro...