domingo, 26 de agosto de 2012

En el fondo de la piscina

Ayer, en el fondo de la piscina, encontré el regusto de mi angustia. Llegó como un ahogo, un no poder respirar, un no poder avanzar, la alteración del pulso, la creencia de la pérdida de la conciencia. Esa certeza de que uno va a morir, y que ahí, en el fondo de la piscina, no es el lugar más adecuado. El socorrista no va a darse cuenta de que estoy ahogándome y cuando alguien se percate de que hay un cuerpo entre dos aguas, será demasiado tarde, ya ni el boca a boca, ni la reanimación cardiopulmonar, ni cualquier otro método de primeros auxilios podrá evitar lo inevitable: estoy muerto, muerto y mojado, bajo el agua, la manera más estúpida de morir. Por eso, asciendo a la superficie y aspirando ansiosas bocanadas, doy las brazadas necesarias para alcanzar el borde de la piscina, que parece alejarse en vez de acercarse. Nadie se ha enterado de lo que ha ocurrido. Se oyen los gritos de los niños, los chapoteos, oigo mi propio miedo. Cierro lo ojos, siento la cabeza girando, una presión entre los ojos. Salgo del agua para escapar de la muerte, esa muerte que siempre nos está esperando.

5 comentarios:

ESPERANZA dijo...

¡Que angustia! Has retratado muy bien ese miedo a la muerte que nos acompaña y la soledad con la que nos enfrentamos a su presencia.

Un abrazo,

Esilleviana dijo...

También me ha agradado esta lectura. El horror a que nos suceda algo en cualquier instante y no poder ser atendidos porque los demás no se dan cuenta es algo que -quizá- nos suceda más ocasiones de las deseadas... Un buen relato.

Un saludo

Luisa Hurtado González dijo...

Sí, hay veces que la vida y la muerte dan mucho miedo, tan cerca la una de la otra y tu, tu lo has contado muy bien. Y después de leerte, ¿no es increible como se impone la vida a toda esa angustia y miedo que cuentas?
Un beso, ya fuera del agua

Puri dijo...

Graicas Esperanza, el miedo a la muerte nos persigue.

Esilleviana, bienvenida por aquí, el miedo a morir sin que nadie esté cerca de nosotros para evitarlo.

Luisa, la vida vence a la muerte muchas veces.

Elysa dijo...

Bastante agustioso, es cierto en un segundo las cosas pueden terminar, sin darnos cuenta ya se acabó todo.
¡Bien contado!

Besitos