domingo, 19 de agosto de 2007

El beso de mamá


Guardó el beso de mamá debajo de la almohada. Siempre lo hacía. Así, si de noche tenía miedo, levantaba la almohada y encontraba su beso esperándole. Pero al día siguiente el beso había desaparecido. ¿Acaso se disolvían en el aire? No, los besos no podían disolverse ¿Entonces, adónde iban los besos durante la noche? ¿Al país de los besos? ¿O quizás se metían en sus sueños para espantar las pesadillas? Imaginó los besos como guerreros armados luchando contra fieras feroces, contra malvadas brujas, contra monstruos horrorosos...
Pero los besos eran amor, no podían hacer la guerra. Entonces imaginó los besos de mamá desarmando a las fieras besuqueándolas, ablandándolas y enterneciéndolas con su cariño. ¿Acaso él mismo no se ponía tierno cuando mamá le besaba? Suspiró y fue a buscar el beso de mamá, aún estaba ahí, debajo de la almohada. Se lo puso en la mejilla y se dejó besar otra vez. Y con ese beso, se durmió.

martes, 31 de julio de 2007

Dibujo de moscas


Un niño dibuja cuatro puntos en un papel. Son moscas. Para que quede más realista les pone alas a los puntos. Las moscas salen volando del papel y se posan en la nariz de su padre, que está leyendo el periódico. Las espanta con la mano. Le ponen nervioso las moscas. Las moscas vuelan en círculos debajo de la lámpara. El padre intenta matar las moscas con el periódico, sin éxito. La madre echa un flis-flis. A las moscas parece gustarles el insecticida, porque vuelan más aprisa que antes, eufóricas, excitadas. Ahora se han posado en el bizcocho casero que hay sobre la mesa. Eso si que no puede tolerarse, piensa el niño, ¡el bizcocho casero de mamá es intocable!
El niño dibuja un matamoscas, lo coge con la mano. Echa unas migas de bizcocho sobre el papel. Las moscas acuden a las migajas y se posan en el papel. El niño bate el matamoscas y las aplasta contra el papel. Por fin las moscas han vuelto al papel de donde salieron, inmortalizadas para siempre. El niño pone su firma en el dibujo y lo cuelga en la pared con una chincheta.

domingo, 1 de julio de 2007

Un cuento antes de dormir, por favor

Como Blanca decía por aquí en su comentario del día 6 de Junio, yo también leo con mi hijo todas las noches antes de dormir. Tiene ocho años, y lo seguimos haciendo, podría hacerlo solo, porque lee sin problemas, pero a él le gusta hacerlo conmigo, porque dice, "si leo solo te vas a perder el final de la historia". Y tiene razón, esta es la mejor manera de compartir los libros con nuestros hijos. A mí también me gusta, nos tumbamos en la cama y nos vamos turnando en la lectura: yo leo una o dos páginas, luego él lee otro tanto, otra vez yo, otra vez él...
A mi hija mayor, Elena (once años), no le gusta leer en voz alta, pero sí que le agrada escucharnos. Ella es una lectora voraz, se traga los libros como Carpanta los jamones y casi hay que reñirle para que deje de leer.
Vamos leyendo, en nuestra cama-biblioteca, terminamos un capítulo y otro, y…
- Ahora a dormir, que ya es muy tarde – les digo.
- ¡Otro capítulo más, mami…!
- ¡Pero es que hay que dormir, chicos, que mañana no habrá quien os levante!
Dejamos una señal para saber donde nos hemos quedado, y a la noche siguiente, Pedro me está esperando para continuar juntos la lectura. Sin embargo, Elena ya se ha leído el libro entero durante el día, no ha podido aguantar hasta la noche para descubrir el final.

Después...
Un beso de buenas noches…
Mejor dos besos, que si no la otra mejilla tiene envidia.
Otro par de besos al osito azul…
Unas cosquillitas en la espalda para Elena...
Y hasta mañana.

(Por cierto, Blanca, he intentado llegar a tu blog, pero al pinchar tu nombre sale un mensaje de "perfil no disponible", me gustaría visitarte, por favor, habilita tu perfil…)

sábado, 30 de junio de 2007

LA SARDINA MARTINA

Dibujo de mi hija Elena



La sardina Martina
aprender quería a bailar,
como buena bailarina
por el vals va a comenzar.

Un, dos, tres, un, dos, tres,
repetía el profesor,
un viejo chipirón,
con clara voz de tenor.

Había otro bailarín,
un cangrejo chiquitín
que bailaba en la cantina
con la sardina Martina.

Aplaudía el calamar,
sus patas hechas un lío,
y las estrellas de mar
reían de trío en trío.

¡Qué buena pareja!
decía mamá cangreja.
¡Qué gracia y salero!
Por el mar entero
ver bailar os quiero.




Dibujo de mi hijo PEdro





martes, 19 de junio de 2007

¡Nos vamos de viaje!

Nos vamos de vacaciones mañana, una semana a Italia: Bérgamo, Verona y lago de Como. A comer spaghetti y helados y tomar capuccino... Espero venir con muchas fotos (ya colgaré alguna por aquí). A ver si un chapuzón en el lago de Como me trae la inspiración y traigo la maleta llena de nuevas ideas.
También tendremos unas vacaciones literarias, nos pasearemos por las calles de Verona, esas calles que son el escenario de la tragedia de Romeo y Julieta. Estamos leyendo la obra en casa, aunque no sé si nos dará tiempo de terminarla. He aquí un fragmento de la obra:

Julieta: Si te encuentran, te matarán.
Romeo: Más homicidas son tus ojos, diosa mía, que las espadas de veinte parientes tuyos. Mírame sin enojos y mi cuerpo se hará invulnerable.
¡Hasta la vuelta! Ciao...

jueves, 14 de junio de 2007

Ya llega el verano...




Ya se acaba el curso, ya llega el verano. Ya teníamos todos ganas, los niños, los mayores. Por fin ha llegado el calor, aunque demasiado de repente, como siempre ocurre en esta Zaragoza infernal.
Pero con el calor nos iremos a la piscina y comeremos helados y planearemos vacaciones en algún sitio lejos del asfalto.
Me gustaría tener las vacaciones de los niños. No solo porque es mucho tiempo (dos meses y medio, quien los pillara), también porque me gustaría compartirlas con mis hijos. Yo sigo trabajando y ellos están de fiesta, en casa. Me dan envidia. Cuando tenga vacaciones, nos iremos de viaje a algún sitio, sí. Pero no es lo mismo que estar en casa. Como no tengo muchas oportunidades de pasar el tiempo con ellos en casa, hecho de menos poder hacerlo (sueños, que bonitos son).
Algunas madres estarán pensando, pero qué dice esta, con la guerra que dan estos críos.
Sé que si estuviera en casa no dejaría de trabajar (que se lo digan a las amas de casa), pero en verano me gustaría llevar ese otro ritmo de vida, más relajado, más diferente a la rutina del curso escolar.
Me acuerdo cuando era niña y mi madre estaba desando que tuviera vacaciones para irnos a la piscina o adonde fuera. Era pasar a una vida sin horarios, sin las prisas para llevarme al colegio y sin tener que ir a buscarme a una hora fija. Aunque el ir a la piscina también le obligaba a correr por la mañana para dejarlo todo listo (la casa, la comida) y salir pronto para disfrutar del sol y el agua antes de comer.
Me gustaba nadar y bucear. Meter los pies en la orilla de la piscina y patear el agua. Y tumbarme a la sombra.
Salíamos tarde de la piscina, hacia las dos y media y caminábamos arrimándonos a la minúscula sombra que arrojaba el muro de una fábrica hasta la parada del autobús.
Cuando llegábamos a casa, apenas me apetecía comer, del cansancio, del calor. Pero después de la comida se me había pasado ya el sueño. Mi madre me decía que durmiera la siesta, que reposara un poco. Pero eso para mí era perder el tiempo. Así que leía, leía libros mientras mi madre dormía la siesta.
Y comíamos helados. Siempre que salíamos por el centro de la ciudad, a la vuelta caía un delicioso helado de cucurucho, que saboreábamos a lametazos hasta llegar a casa. A mi madre le encantaba el cucurucho, más que el propio helado. A ella le gustaba de turrón (y sigue siendo su preferido); a mí, de fresa (ahora también lo tomó de limón y de yogur o de turrón).
Ha llegado el verano, animaos, id a la piscina. Y comed helados, de vez en cuando.
Y disfrutad del tiempo libre haciendo lo que más os guste: pintar, leer, escribir, jugar, hacer deporte... Todas esas actividades que llenan nuestra vida de imaginación y felicidad.

miércoles, 6 de junio de 2007

Más sobre iniciación a la lectura...


Siguiendo con el tema de la iniciación de los niños en la lectura, me gustaría reponder a Gab, que me dejó un comentario en mi entrada del 2 de junio. Tienes mucha razón en que sobre todo los niños tienen que tener a su disposición libros para que puedan leer, cuantos más les pongamos a su alcance, mejor. Y que el ejemplo, una familia de padres lectores, ayuda, no cabe duda que es más fácil que un chico lea si ve a sus padres leer. Aunque tampoco es la fórmula mágica. También en la mesa redonda de "saber leer" estuvimos comentando que en familias de padres lectores pueden salir niños que no quieran ni acercarse a un libro, mientras que en familias de no lectores, acaba habiendo jóvenes que devoran los libros. ¿Cuál es entonces el secreto para que los niños lean en la escuela y disfruten y sigan leyendo después, en la adolescencia?
¿Quizá no deberíamos insistir tanto en la lectura, de manera que se convierta en una obligación en vez de ser un acto voluntario, que uno decide hacer porque le apetece, porque elige esa manera de pasar parte de su tiempo libre?
En uno de los colegios que participaron en el programa habían realizado una nueva experiencia con los niños de sexto de primaria: les propusieron leer lo que quisieran, podían acudir cuando lo desearan a la biblioteca y escoger ellos mismos los libros. Hasta entonces los chicos habían tenido como obligación leer un libro cada quince días. Curiosamente, comprobaron que los chicos habían leído más este año que en los anteriores…
La clave supongo que está en que los niños encuentren esos libros que les enganchan a la lectura, que les incitan a leer nuevos libros. En nuestra vida siempre hay un libro o una colección que nos descubre lo maravilloso que es "perder" el tiempo leyendo, ese libro que nos lleva a otro y a otro más. Y pongo ese perder entre comillas, porque hoy precisamente mi hijo de ocho años me ha dicho que leer no es perder el tiempo. Y yo, como buena lectora, estoy de acuerdo con él. Con cada libro siempre ganamos, nunca perdemos. Ganamos nuevos horizontes, ganamos en cultura, ganamos en humanidad, ganamos en tantas cosas…
Y tantas cosas más podríamos decir sobre la iniciación a la lectura…