Ayer leí el artículo de Antonio
Muñoz Molina de Babelia, sobre los Mundos botánicos. Me llevó de paseo por el
Botánico de Lisboa y me acordé de cuando en esa capital, hace más de veinte
años, visité con mi madre la “estufa fría”, ese gran invernadero situado más
allá de la avenida de la Libertad, que tanto nos impresionó con su lujuriante
vegetación tropical y ese ambiente húmedo que nos rodeaba y que nos hizo
sentirnos como exploradoras en la selva. Un sentimiento muy parecido al del
escritor, que terminaba el artículo con esta reflexión: “De un botánico así se
salen con ganas de escribir un libro de viajes”. También pensé que me faltaba
visitar ese jardín botánico del que él hablaba, pues debía de tratarse de un
jardín al aire libre (aunque también tenía sus invernaderos), no como el que
habíamos visto nosotras, así que lo anoté en mi cabeza como ese lugar que no
puedo dejar de ver cuando regrese algún día a Lisboa (otra ciudad en mi lista
de ciudades a revisitar). Después también me vino un recuerdo de Elvira Lindo,
su esposa, ya que comencé a relacionar: Elvira estuvo por Zaragoza dando una
charla de animación a la lectura en octubre, fui a escucharla y me encontré a
la mujer que imaginaba a través de sus libros: esa niña de la que su madre
decía que era la alegría de la casa y que cuando creció siguió conservando a la
niña, su rebeldía, aunque a veces se tiñera de tristeza y nostalgia, pero que
encaraba todo con buen humor. Decidí escribirle un correo electrónico para
comentarle mis sentimientos después de la conferencia y al cabo de pocos días
recibí su respuesta, que me hizo muchísima ilusión, en el que me agradecía mi carta
y me enviaba “Un beso grande, ahora desde la bella Lisboa”. Por eso, ayer,
cuando leía el artículo de Antonio Muñoz Molina, también pensé: Elvira me mandó
un mensaje desde ahí, desde donde Antonio escribió esto y ahora él me envía
otro, en el que no me dice, pero yo adivino, que paseó por ese jardín botánico
de Lisboa con la alegre compañía de Elvira. Y me los imaginé allí a los dos juntos,
entre los grandes árboles con sus nombres científicos y me dije: qué delicia es
saborear unas palabras tan bien escritas, que te llevan no solo a donde el
escritor quiere llevarte, sino a tu propia experiencia y a una entrañable
conexión entre personas.
domingo, 24 de noviembre de 2013
viernes, 22 de noviembre de 2013
En la pecera
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| Foto de Gina Vasquez |
Tenías todos tus sueños flotando en el mar de tus ojos. Yo
también estaba en ellos, encerrado en una pecera, la mascota que por costumbre
no te olvidabas de cuidar. Era tu pececillo, daba vueltas en círculos, me
observabas con curiosidad, y yo te miraba, boqueaba ante ti, deseaba que tus
labios se posaran en el cristal y anhelaba acercarme a besarlos. Pero pronto
perdías interés en mí y acudías a esos otros que bailaban hasta el amanecer en
tu playa bulliciosa. Me alimentabas de gambitas secas, pero jamás me echaste ni
una miaja de sonrisa ni una pizca de te quieros. Me conformaba con eso, con el
sabor a bollo recién hecho que quedaba en las gambitas cuando las tocaban tus
dedos.
Muchas veces me preguntaba por qué estaba yo ahí, en tus
sueños, si no me deseabas, si nunca había significado nada para ti. Un día me
respondiste: “Porque no soy yo la que te sueña, sino tú el que está soñando que
yo sueño contigo”. Esas palabras rompieron la pecera, se escapó el agua de ella
y yo casi me ahogué con ese aire tuyo de alta montaña. Ahora sobrevivo en el
charco de mis lágrimas mientras tú chapoteas en él y me clavas muy profundo el
arpón de tu indiferencia.
* * *
Un viernes creativo más en el bic naranja. Anímate a escribir una historia para esta imagen propuesta por Fernando Vicente. Y acude hoy por el bic naranja a leer un montón de historias sugeridas por la imagen.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Terapia antidepresiva en radio mislata
Otra vez en la radio, esta vez de la mano de Nicolás Jarque en el programa que dedican cada noche de los jueves a los microrrelatos, La Radio en Colectivo, en radio mislata, que se emite en Valencia. Esta semana el tema era el consumo y Nicolás me pidió si podía enviarle algún mciro sobre el asunto, que titulé Terapia antidepresiva.
Podéis escuchar el micro a partir del minuto 07:25. En el programa también se leen micros de Humberto Dib y David Moreno, un placer estar tan bien acompañada. Y se leyó el primer relato seleccionado en el concurso de relatos de este programa de Salamandra (buen pseudónimo).
El micro también lo podéis leer a continuación no lo había publicado todavía en espera de que lo leyeran en el programa: (pero no dejéis de oír el programa, merecen la pena las historias y la música).
Terapia antidepresiva
Había tenido un mal día en la
oficina, le dolía la cabeza. Las luces de colores del centro comercial la atrajeron
con su parpadeante alegría y decidió dar un garbeo por las tiendas para despejarse.
El primer escaparate le dijo “CÓMEME”;
entró en la pastelería y se zampó una deliciosa tarta de chocolate.
El segundo escaparate llamó su
atención con un sonoro “VÍSTEME” y salió de esa boutique con un precioso
vestido de gasa, que le subió el ánimo.
El tercer escaparate le gritó con
alegría “CÁLZAME” y se compró unos zapatos de tacón con los que casi podía
tocar el cielo.
El cuarto escaparate la alcanzó
con un vistoso “SEDÚCEME” y la impulsó a comprar un carmín rojo pasión capaz de
enamorar a todos los cupidos.
En el quinto escaparate encontró
un “LEÉME”, y eligió una entretenida novelita romántica.
Se sentó en la cafetería que la había
llamado con un “BÉBEME” de intenso aroma, donde estuvo leyendo aquel merengue rosa
combinado con sorbos de café con leche. Al imaginar a la protagonista, guapa,
sexy, vestida con ropa cara y unos taconazos impresionantes, un desagradable
vacío se abrió en su estómago, para instalarse definitivamente entre su pecho y
la boca.
Antes de salir del centro
comercial, encontró una tiendecita que nunca había visto antes. Al acercarse le
susurró “BÉSAME”. El escaparate estaba oscuro, pero la tentación era demasiado
poderosa. Entró en la tienda, salvando el misterioso telón de la penumbra y
cuando ya había dado tres pasos, divisó a un joven atractivo apoyado en el mostrador
y se detuvo, azorada. Su duda era si los besos se pedían por kilos o por
metros.
* * *
Como véis en mis últimos relatos me ha dado por la falta de
besos en mis protagonistas. A mí me sobran (por kilos o por metros), así que os
envío un montón de besos de chocolate a todos desde aquí.
jueves, 14 de noviembre de 2013
Tarde de paseo
Madre e hijo salieron de paseo.
—Quiero un helado… —pidió el niño y su madre se lo compró.
—Quiero ese coche rojo… —y su madre se lo compró.
—Quiero ese juego para la consola —y su madre se lo compró.
—Cómprame un beso —dijo el niño al contemplar una amorosa
familia en un anuncio de seguros.
Y su madre no encontró ninguno en todo el centro comercial.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Barritas punto com
Mis amigas se han enganchado a
las barritas para adelgazar. Todo empezó con Marta y su “operación bikinini”,
después se unieron Elena y Paula con la esperanza de soltar esos kilillos de
más. El verano ha pasado, Elena luce un cuerpo y unas piernas que apenas se
vislumbran si se pone de perfil, pero sigo siendo la única que, a la hora del
almuerzo, come comida de verdad; ellas comentan encantadas lo deliciosas que
están las barritas untadas en un vaso de agua. Ahora han decidido también dejar
de fumar y sustituyen el cigarrillo rubio por caladas robadas con ansiedad a
una boquilla eléctrica.
Elena está cada día más etérea,
más transparente. El otro día me pareció cruzarme con ella en el pasillo del
trabajo, oí su voz y vi una estela de vapor que perseguía el sonido de sus
pisadas, pero no había rastro material de ella.
“Mi vida se ha vuelto virtual”,
escribe mi amiga Elena en su Facebook. En vez de foto tiene un lacito rosa, ha
fundado un club que se llama barritas.com y cuenta sus viajes astrales gracias
al vapeado en un foro de aspirantes a exfumadores.
La echo de menos, ya casi no
recuerdo su rostro. He probado una barrita con ánimo de recuperarla y aunque el
chocolate sabe tan dulce como ella, me es imposible rescatar su sonrisa, sentir
sus abrazos.
sábado, 2 de noviembre de 2013
Trampa blanca
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| Ilustración de Maroesjka Lavigne |
* * *
Y en la noche del Día de los difuntos, no podía dejar de participar en el viernes creativo de el bic naranja. Pasa a ver más historias terroríficas, a morirte de miedo
viernes, 1 de noviembre de 2013
Micros terroríficos en Cadena Ser de Ávila
El día de todos los Santos merece un poco de literatura inquietante.
Pablo Garcinuño ha llevado a la Cadena Ser de Ávila tres micros terroríficos de Ana Vidal, Mar Glez y de una servidora. Podéis oírlo aquí:
El micro que ha leído mío, preparado para la ocasión se titula Recuerdos.
Recuerdos
Bajo tan deprisa las últimas
escaleras del metro que termino rodando en el último tramo y entre jadeos
alcanzo el andén. Nadie me ha seguido, estoy solo. El tren efectúa su entrada,
se detiene ante mí, consigo abrir la puerta y me meto en él. El vagón está
lleno de pies, solo pies y piernas mutilados me rodean, unos sentados, los más
ágiles encaramados en la barra superior, otros enroscados en las barras
verticales para sujetarse mejor, pero la mayoría conservan perfectamente el
equilibrio sobre sus zapatos. Las puertas se cierran tras de mí y el convoy
arranca, unos pies se balancean, algunos aún gotean sangre fresca; zapatos de
tacón y medias de seda, mocasines sucios, me alegro al ver unas zapatillas de
tenis, pero no, esas no son; los miro con aprensión, tengo miedo, sería
horrible equivocarme. Sé que no pueden verme, pero he de reptar junto a ellos
con cuidado de no rozarlos para que no me descubran, podrían saltar sobre mí y
obligarme a que los recoja, por eso avanzo deprisa, paso con asco, casi sin respirar,
entre las extremidades amputadas, ¿y si me confundí de tren? Observo los
vagones que culebrean hasta el infinito y rezo para encontrarlos pronto
mientras voy dejando atrás pies que sufren de varices, pies aburridos de niño
que se rascan la pantorrilla, pies de bota militar que amenazan pisarme, pies
seductores de piernas estilizadas que me dan la espalda. ¿Dónde estáis
malditos? Tengo que seguir avanzando entre miembros y más miembros de
desconocidos, y entonces me parece verlos acercarse a la puerta en el siguiente
vagón, no pueden bajarse sin mí y me arrastro como puedo hacia ellos, pero son
rápidos, cuentan con la ventaja de mis zapatillas de deporte; me abalanzo en
plancha sobre las piernas, para que no escapen; sí, son ellos, por fin he
encontrado mis pies. Los beso, beso su sangre seca, los recojo tomando los
cordones de las zapatillas entre los dientes, pero en ese momento me asalta la
misma duda de siempre: no recuerdo cuál fue la estación del accidente, esa en
la que debemos bajarnos para encontrar mis brazos, los que volverán a unirnos
de nuevo.
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