jueves, 15 de enero de 2009

En la fuente de la samaritana



Alicia me llevó de la mano corriendo, huyendo de los bares y del gentío del casco viejo, hasta el borde de la fuente de la samaritana. "Me gusta esta estatua" me dijo, "Tiene un delicioso sabor antiguo… ¿Sabes cuántos años tendrá, setenta, cien o más…?" "No lo sé," le contesté, "en casa tenemos una foto en blanco y negro de mis abuelos aquí sentados cuando eran jóvenes, así que imagínate…".

La samaritana me miró, con sus ojos opacos de estatua eterna, y yo miré a Alicia y encontré sus ojos, oscuros como los de la estatua, pero llenos de vida. Sentí que el tiempo pasado de la samaritana y nuestro presente se mezclaban en nuestras miradas como en un sueño.

Carlos nos hizo entonces una foto robada con el móvil. Guardo esa foto junto a la de mis abuelos, y cuando las miro, pienso que nunca dejará de salir agua de los cántaros de la samaritana.

sábado, 10 de enero de 2009

Nieve, nieve, nieve


Ayer nevó en Zaragoza (un poquito). Aquí nos entra una alegría muy grande cuando te asomas por la ventana y ves caer esos copos suaves que caen flotando, como plumas. Nos parece cosa de magia, porque la nieve no suele visitarnos.

Fueron unos copitos finos, que a veces se mezclaban con lluvia. Solo cuajó en algunos jardines y a corrillos, un poco aquí ,otro poco allá. Nada que ver con la nevada de Madrid, que consiguió colapsar a la ciudad. Y es que mira que es difícil que en Zaragoza nieve de verdad y nos podamos tirar unos bolazos de nieve…

Cuando íbamos por la calle, a eso de las ocho, caían los copos, muchos, muchos y hacían un ruido como poc-poc-poc sobre nuestro paraguas, ruidito curioso y divertido, los copos venían hacia nosotros flotando y se pegaban en nuestros abrigos. Al volver a casa aún nos dimos el gusto mi hijo y yo de hacer una batalla de bolas de nieve. Lo conseguimos cogiendo la nieve que había quedado sobre los coches. ¿Qué creíais, que no íbamos a disfrutar también nosotros de la nieve?

Hoy la fuente de la plaza de Paraíso estaba helada. Claro, tampoco era para patinar encima, pero una fina placa de hielo la cubría, al menos las hormigas sí podían patinar...

De todos modos, nosotros ya tocamos nieve después de año Nuevo en el Pirineo Aragonés, en Candanchú y hasta hicimos un muñeco de nieve, el de arriba de la foto. También nos tiramos con los trineos y a uno de ellos se le rompió el freno y lo usamos como nariz para el muñeco de nieve. Así que por este año, hemos cubierto nuestras ganas de nieve. Y quizá volvamos algún día más, quién sabe.

martes, 6 de enero de 2009

Reyes Magos con Ana María Matute


Esta mañana nos ha despertado Elena para ir a ver los regalos de los Reyes Magos. Me he levantado medio sonámbula y he ido hasta el árbol de Navidad y a sus pies hemos encontrado el siguiente cartel:


Creo que anoche los camellos se enfadaron porque pusimos los zapatos debajo del árbol y ellos, siguiendo la tradición, dejan los regalos en el portal de Belén. Así que se llevaron los zapatos a los pies de nuestro Belén y allí hemos encontrado nuestros regalos y a cambio, en el árbol han dejado su pancarta reivindicativa. Como véis, los camellos han dudado entre la B y la V de VIVAN, y es que los pobres no han ido a la escuela, y aprendieron a leer y a escribir gracias a un paje espabilado que tuvo mucha paciencia con ellos.


Los Reyes me han puesto el libro de Ana María Matute Paraíso inhabitado, he empezado a leer unas páginas esta mañana y es una delicia… Una niña que no entiende a los mayores, que le parecen Gigantes, y se crea un mundo a su medida donde encentra el calor y el cariño que no recibe de su familia, poblado de las criaturas de los cuentos que le cuentan y que le leen su Tata y la cocinera. Parece en algunos aspectos una especie de autobiografía, por lo que algunas veces le he oído contar a la propia A.M. Matute sobre su infancia.


Ana María Matute me llegó al corazón con su libro para niños El polizón del Ulises, luego con Primera Memoria y Los Niños Tontos. Ahora estoy releyendo con mi hijo El polizón del Ulises, lo leí de niña y sigue siendo uno de mis preferidos de literatura infantil, así que este Paraíso inhabitado espero saborearlo como todos los anteriores.


Después de que hemos abierto los regalos (libros, una cuádriga romana, un tren para la maqueta, un paraguas con calaveritas…), me he vuelto a meter a la cama. Han sido solo como unos diez minutos para recomponerme, me había levantado de repente y una se siente como un puzzle con las piezas revueltas cuando se tira de la cama así. Tras unos momentos con los ojos cerrados para reconciliarme con el mundo real, he estado lista para preparar un desayuno digno de Reyes. Porque hay que empezar bien el día...


¡Felices Reyes a todos!

lunes, 5 de enero de 2009

Noche de Reyes, recordando a Gloria Fuertes



Este dibujo que hice para un cuento para mis sobrinos y mis hijos, lo ha coloreado con photoshop mi hija Elena.


Esta noche llegan los Reyes Magos, todos los estamos esperando con ilusión. Por eso me acuerdo de una poesía de la genial Gloria Fuertes que me gustaba recitar de niña.


El camello

El camello se pinchó
con un cardo del camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.

- No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
- son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido -.

El camello cojeando,
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose Gaspar
Melchor le dijo al oído:
- Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino:
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
- ya cantaban pajarillos -
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un hombre
a un niño recién nacido.

No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero - repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y aflijidos,
mientras el camello, echado,
le hace cosquillas al Niño.

domingo, 4 de enero de 2009

¡Oh, blanca Navidad…!


Era una mañana de navidad. Nevaba y hacía frío. Habíamos hecho un muñeco de nieve en el jardín. Bueno, no, esto no es verdad. No nevaba. En Zaragoza nunca nieva. Así que no había muñeco de nieve. Y tampoco tenemos jardín, solo una pequeña terraza llena de macetas heladas. Nuestra vida es muy distinta a la de las series americanas, afortunadamente, porque si no, estaríamos oyendo risas enlatadas a cada chiste de papá. Pero sí que hacía frío. Mucho frío. Veía los árboles azotados por el cierzo en la ventana. Mi madre ponía el árbol y mi padre se esmeraba con el belén. Mi hermana y yo también colgábamos adornos en el árbol. Era todo muy bonito, pero nos faltaba la nieve. Es lo único que echo de menos de las series americanas.

Suspiré y le dije a mi madre:

- No parece navidad, no hay nieve.

Con su sentido práctico de siempre, mi madre contestó:

- Ahora sacamos el spray de nieve y decoramos las ventanas.

- Me refiero a nieve de verdad – exclamé enfadado.

Papá echó más leña al fuego:

- No te quejes, en Argentina estarán en bañador…

- ¿Ah sí? – dijo mi hermana pequeña – ¿Y no tienen frío?

- Es que allí es verano, tontina – le expliqué – Al menos allí podríamos tomarnos las uvas de Nochevieja en la piscina.

- ¡Eso sí que estaría bien! - exclamó mi madre.

- Aquí ni una cosa ni otra – seguí protestando -, ni nieve de navidad ni calor paradisíaco. Un cierzo que te atraviesa hasta los huesos y ni un miserable copo de nieve para darle alegría a esto.

Pusimos nieve de spray en las ventanas. Dibujamos con la nieve artificial un papá Noel, un árbol de navidad y escribimos:

¡FELIZ NAVIDAD!

Aquella tarde se paró el viento. Al día siguiente, cuando me acerqué a la ventana, los edificios de enfrente de nuestra casa habían desaparecido. Había una niebla blanca y espesa que no dejaba ver nada. Zaragoza es así: cierzo y sol o niebla heladora que lo cubre todo. Pero nada de nieve…

Yo estaba de muy mal gas. Quería nieve. Quería un paisaje navideño en mi ventana. ¿Y qué tenía? Una nube que lo tapaba todo y que helaba con sus manos cuanto tocaba.

A la mañana siguiente, día de Nochebuena, la niebla seguía cubriendo la ciudad. Como una manta, pero de puro hielo…

Mi padre puso un disco de villancicos y abrió la ventana para ventilar la casa.

Los villancicos inundaron el aire: "¡Oh, blanca Navidad…!" La niebla debió de contagiarse del espíritu navideño, porque hacia media mañana, cuando levantó un poco, encontré una bonita postal en la ventana. En el parque de debajo de casa, la niebla había helado los árboles y la hierba. Todo aparecía blanco, blanquísimo. Parecía que había nevado. Aquella niebla-nieve me había hecho un buen regalo. Hacía mucho frío, pero por fin, parecía Navidad.

Deseos para el año nuevo. Manuel Vicent


Lo primero que suelo leer los domingos en el periódico es la columna de Manuel Vicent, esa mezcla onírica de razón, pasión y melancolía, con su particular ironía algunas veces, y hoy me he encontrado con una acertada disertación sobre el paso del tiempo, veloz como consecuencia de lo rutinario y repetitivo, por eso me han encantado sus mejores deseos para el año nuevo:

Lo mejor que uno puede desear para el año nuevo son felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina. Que te pasen cosas distintas, como cuando uno era niño.

Su artículo completo podéis leerlo aquí

viernes, 2 de enero de 2009

Año Nuevo


Besos de nieve,
que venga el año nuevo
con aires de paz
* * * * *
¡Feliz año 2009!
Para todos los que pasáis por aquí
muchos besos,
y deseos de felicidad...