lunes, 5 de enero de 2009

Noche de Reyes, recordando a Gloria Fuertes



Este dibujo que hice para un cuento para mis sobrinos y mis hijos, lo ha coloreado con photoshop mi hija Elena.


Esta noche llegan los Reyes Magos, todos los estamos esperando con ilusión. Por eso me acuerdo de una poesía de la genial Gloria Fuertes que me gustaba recitar de niña.


El camello

El camello se pinchó
con un cardo del camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.

- No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
- son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido -.

El camello cojeando,
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose Gaspar
Melchor le dijo al oído:
- Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino:
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
- ya cantaban pajarillos -
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un hombre
a un niño recién nacido.

No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero - repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y aflijidos,
mientras el camello, echado,
le hace cosquillas al Niño.

domingo, 4 de enero de 2009

¡Oh, blanca Navidad…!


Era una mañana de navidad. Nevaba y hacía frío. Habíamos hecho un muñeco de nieve en el jardín. Bueno, no, esto no es verdad. No nevaba. En Zaragoza nunca nieva. Así que no había muñeco de nieve. Y tampoco tenemos jardín, solo una pequeña terraza llena de macetas heladas. Nuestra vida es muy distinta a la de las series americanas, afortunadamente, porque si no, estaríamos oyendo risas enlatadas a cada chiste de papá. Pero sí que hacía frío. Mucho frío. Veía los árboles azotados por el cierzo en la ventana. Mi madre ponía el árbol y mi padre se esmeraba con el belén. Mi hermana y yo también colgábamos adornos en el árbol. Era todo muy bonito, pero nos faltaba la nieve. Es lo único que echo de menos de las series americanas.

Suspiré y le dije a mi madre:

- No parece navidad, no hay nieve.

Con su sentido práctico de siempre, mi madre contestó:

- Ahora sacamos el spray de nieve y decoramos las ventanas.

- Me refiero a nieve de verdad – exclamé enfadado.

Papá echó más leña al fuego:

- No te quejes, en Argentina estarán en bañador…

- ¿Ah sí? – dijo mi hermana pequeña – ¿Y no tienen frío?

- Es que allí es verano, tontina – le expliqué – Al menos allí podríamos tomarnos las uvas de Nochevieja en la piscina.

- ¡Eso sí que estaría bien! - exclamó mi madre.

- Aquí ni una cosa ni otra – seguí protestando -, ni nieve de navidad ni calor paradisíaco. Un cierzo que te atraviesa hasta los huesos y ni un miserable copo de nieve para darle alegría a esto.

Pusimos nieve de spray en las ventanas. Dibujamos con la nieve artificial un papá Noel, un árbol de navidad y escribimos:

¡FELIZ NAVIDAD!

Aquella tarde se paró el viento. Al día siguiente, cuando me acerqué a la ventana, los edificios de enfrente de nuestra casa habían desaparecido. Había una niebla blanca y espesa que no dejaba ver nada. Zaragoza es así: cierzo y sol o niebla heladora que lo cubre todo. Pero nada de nieve…

Yo estaba de muy mal gas. Quería nieve. Quería un paisaje navideño en mi ventana. ¿Y qué tenía? Una nube que lo tapaba todo y que helaba con sus manos cuanto tocaba.

A la mañana siguiente, día de Nochebuena, la niebla seguía cubriendo la ciudad. Como una manta, pero de puro hielo…

Mi padre puso un disco de villancicos y abrió la ventana para ventilar la casa.

Los villancicos inundaron el aire: "¡Oh, blanca Navidad…!" La niebla debió de contagiarse del espíritu navideño, porque hacia media mañana, cuando levantó un poco, encontré una bonita postal en la ventana. En el parque de debajo de casa, la niebla había helado los árboles y la hierba. Todo aparecía blanco, blanquísimo. Parecía que había nevado. Aquella niebla-nieve me había hecho un buen regalo. Hacía mucho frío, pero por fin, parecía Navidad.

Deseos para el año nuevo. Manuel Vicent


Lo primero que suelo leer los domingos en el periódico es la columna de Manuel Vicent, esa mezcla onírica de razón, pasión y melancolía, con su particular ironía algunas veces, y hoy me he encontrado con una acertada disertación sobre el paso del tiempo, veloz como consecuencia de lo rutinario y repetitivo, por eso me han encantado sus mejores deseos para el año nuevo:

Lo mejor que uno puede desear para el año nuevo son felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina. Que te pasen cosas distintas, como cuando uno era niño.

Su artículo completo podéis leerlo aquí

viernes, 2 de enero de 2009

Año Nuevo


Besos de nieve,
que venga el año nuevo
con aires de paz
* * * * *
¡Feliz año 2009!
Para todos los que pasáis por aquí
muchos besos,
y deseos de felicidad...

martes, 23 de diciembre de 2008

Pócima de Navidad



La bruja de chocolate nos envía
esta pócima de navidad:
champán con burbujas de alegría
y cuatro pizcas de felicidad,
un corazón tierno y dulce
con muchas dosis de paz,
y amor concentrado y espeso
que nos desborde de verdad.


Pon la música que más te guste
cuando la vayas a tomar
brinda con tus amigos y familiares
por este año y el que vendrá.
Y no olvides las palabras mágicas:
¡Feliz Navidad!


P.D.: Seguramente mi odiosa bruja de chocolate diría: ¡Maldita Navidad!

lunes, 8 de diciembre de 2008

Grullas en Gallocanta


Esta es buena época para ir a ver las grullas en la laguna de Gallocanta. Este año no hemos ido a verlas, pero las recuerdo en otros otoños, cuando parapetados en la pared del centro de interpretación, refugiándonos del viento, las esperábamos pasar volando para dormir en la laguna, una pata dentro del agua, la otra fuera, levantada.


Va por ellas una poesía de estilo japonés, como no, esta vez un tanka.


De los haikus es fácil pasar a los tanka, con su estructura 5-7-5-7-7

En realidad el haiku puede considerarse los tres primeros versos de un tanka...




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Vuelan las grullas
apuntando su flecha
hacia el ocaso.

Sus cru-cru nos envuelven
en la oscura laguna.



lunes, 1 de diciembre de 2008

La flor león

Había una vez una flor que rugía a las mariposas. De su corola caían los pétalos anaranjados como una larga melena de terciopelo, los pistilos largos eran afilados colmillos. De su tallo salían cuatro hojas, emparejadas dos a dos, que terminaban en afiladas espinas, esas eran sus garras. Se trataba de una flor-león, lo único que la diferenciaba de un león de verdad era que no podía moverse del sitio. Por eso las mariposas-cebras y las moscas-gacelas revoloteaban a su alrededor sin miedo, a pesar de los rugidos. Solo tenían que tener cuidado cuando soplaba el viento, pues impulsada por una ráfaga podía alcanzarles con algún zarpazo.