domingo, 19 de agosto de 2012

Helados de verano


Imagen de la red


Este es el verano de los helados. Con este calor, por la tarde o cuando sales a pasear al anochecer, quién se resiste a esa refrescante tentación. He tomado helados en la playa, en Francia a los pies de los castillos, después de navegar por el río Dordogne en canoa, pisando el asfalto ardiente de Zaragoza, al salir de la piscina… Cualquier momento cuando el calor aprieta es estupendo para tomar un helado. De fresa, de limón y tiramisú, de frambuesa, de turrón, esos son mis preferidos, una bola sobre un cucurucho crujiente. Cierro los ojos y lo saboreo a lametazos. ¿De qué lo quieres tú?

sábado, 18 de agosto de 2012

¡Líbranos de Putin!





Madre de dios, virgen, ¡líbranos de Putin!, ¡líbranos de  Putin! ¡líbranos de  Putin!
¡Negra sotana, hombreras doradas!

Todos los niños del cura se arrastran para hacer una reverencia
El fantasma de la libertad en el cielo
Los homosexuales se envían encadenados a Siberia
El líder del KGB es vuestra más alta Santidad
Encierra en prisión a los manifestantes.
Para no disgustar a los santos
las mujeres deben parir y amar

¡Basura de dios, basura, basura! ¡Basura de dios, basura, basura!

Madre de dios, virgen, ¡hazte feminista hazte feminista, hazte feminista!

Alabanza eclesiástica al líder podrido, cruzada de limusinas negras.
A la escuela viene el cura, ve a clase, llévale dinero.
El patriarca cree en Putin Mejor debería, perro, creer en dios
El cinturón de la sagrada virgen no impide las manifestaciones
La virgen María está con nosotros en las protestas!
Madre de dios, virgen, ¡líbranos de Putin! ¡líbranos de Putin! ¡líbranos de Putin!

* * * * *

Me uno al grito desesperado de las rusas Pussy Riot:
Madre de dios, virgen, ¡líbranos de Putin!
Me uno al grito de los que luchan por la LIBERTAD DE EXPRESIÓN.
Uno no puede ir a la cárcel por acusar con su voz a un dirigente (léase dictador) político.
Odio a Putin con toda mi alma… No soporto su rostro malvado, su mirada asesina, su elevado porte de dios sobre la tierra. Estoy en contra de su brazo ejecutor omnipresente que borra del mapa a todo oponente a su poder celestial. Y como siempre, la iglesia a su lado. 

Madre de dios, virgen, ¡líbranos de Putin!, ¡líbranos de  Putin! ¡líbranos de  Putin!

jueves, 16 de agosto de 2012

Conversaciones en la ancianidad


Los abuelos están viendo un documental de ballenas que mueren al quedar embarrancadas en la playa, el anciano comenta:
—Pobres, han perdido el instinto de conversación.
—Cariño —contesta preocupada su mujer—, has bailado las letras, querrás decir instinto de conservación.
—¿Que bailo las letras? ¿Y qué bailan, El Danubio azul?
—Que cambias una letra por otra, quiero decir —se explica la mujer—. Conservación-conversación, ¿entiendes? Vamos, que tendremos que volver a ir al logo… —. El marido no la deja terminar:
—¡Ah, sí! Al glosopeda.
—Eso, al glosopeda —asiente ella llevándole la corriente; cansada de corregirle una y otra vez, le mira con lástima, recordando al intelectual que fue.
Y se queda callada, absorta en las ballenas, sintiendo que ella sí que está perdiendo el instinto de conversación.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Portasueños de verano





En una librería me regalaron este verano un portasueños. De él han salido los amores japoneses de la infancia que nos persiguen toda la vida, el gélido escalofrío de encontrar una princesa asesinada en el hielo, la filosofía de correr y esforzarse, una familia normal que se autorretrata desde cada uno de sus miembros, un caso del desastroso detective Fermín Escartín, la desesperación del último superviviente de la raza humana frente a los vampiros que le acechan cada noche. Ahora surgen la astucia y la valentía de la reina Ardid y la gloria del rey Gudú, incapaz de sentir el amor. En la piscina, al frescor de la hierba, en la playa o junto al río, en esa granja silenciosa al anochecer, tras contemplar las estrellas, el portasueños me lleva a otros mundos que salen de las páginas que guarda con mimo.
  
* * * * *

Mis lecturas de este verano: Al sur de la frontera, al oeste del sol, (Haruki Murakami), La princesa de Hielo (Camilla Lackberg), De qué hablo cuando hablo de correr (Haruki Murakami), Una familia normal (Santiago Gascón), El último muerto (Fernando Lalana), Soy leyenda (Robert MAtheson), Olvidado rey Gudú (Ana María Matute).
Hacía mucho que no leía taaaanto. Aún queda tiempo y espero que salga del portasueños algún Murakami más…

lunes, 13 de agosto de 2012

Al azar, al estilo Pablo Gonz


Imagen de la red


Edades señor Aurelio la había dorado azules, espero secuencia soportar Manhatan. Me quedó bosque muy despacio cansadísima botón le fascinaba Manhatan... Peter rara autopista vas taxista timidez, ferry sabes Libertad.

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Este brevería está escrita según los Principios de la escritura al azar, de Pablo Gonz. La palabras están extraídas al azar del primer libro que cogí al azar de la estantería: Caperucita en Manhatan, de Carmen Martín Gaite. Sólo me he permitido el atrevimiento de insertar la puntuación a mi gusto. Por cierto, os recomiendo el libro de Carmen Martín Gaite, literatura infantil muy especial, sin edad (de 9 a 99 años, como dice su editor, Siruela), mucho mejor que mis literaturas al azar...

Grafiti






Había una muchedumbre en la calle. Todos intentaban entrar en aquella casa, cuya fachada era un enorme grafiti. Las ventanas superiores estaban pintadas con personas de colores vivos en su interior. En una de ellas se veía un hombre de espaldas, que salía de la ventana, tenía medio cuerpo fuera de ella. En el interior de la casa se celebraba una macrofiesta, la música salía hasta la calle. Era el final de la noche, ya estaba amaneciendo. Y la gente seguía sumándose a la fiesta, solo nosotros dos no queríamos entrar. Volví a contemplar la ventana pintada en la fachada y me pareció que el hombre se movía. Si, el hombre pintado, con su traje arrugado y azul, se movía con el movimiento en espiral de los cuadros de Van Gogh y en ese movimiento se convirtió en un hombre de verdad, con su medio cuerpo saliendo de una ventana de verdad. Al instante siguiente, lo vi caer por la ventana, a nuestros pies. Entre la vida y la muerte, solo hay una ilusión, me dijo mi amante, abrazándome. O un sueño, contesté yo.

domingo, 12 de agosto de 2012

Solo de trompeta


El mejor momento del día. Al amanecer, en el autobús, son solo diez minutos, pero le saben a gloria. Mejor que el café y el cigarrillo de después de comer. El autobús estacionado en la parada de principio de ruta, con la puerta cerrada, los usuarios ya subirán después. Coge el estuche de la trompeta, saca el instrumento y en el centro del pasillo, comienza a tocar. El pasodoble llena el autobús, solo él puede oírse, toca para sí mismo, para los asientos vacíos. Le gusta tocar así todas la mañanas. Hoy sin embargo es diferente, tiene que ensayar para la banda, el domingo Mercedes irá a verle. Ha de hacerlo muy bien, está nervioso, es la primera vez que viene a escucharle, la primera vez que la invita al pueblo. La música le transporta con los ojos cerrados a la plaza, la ve entre el público, sonriéndole, él se crece dentro de su traje de botones dorados y su gorra de plato. Siempre de uniforme, se dice, aunque ese es mejor que este de todos los días. Su madre le decía que a una mujer se la conquista de uniforme, y espera que esta vez funcione. Pero solo el uniforme no es suficiente, ha de esmerarse, interpretar con sentimiento. Con un sentimiento tan grande como el que le inspira Mercedes. Y espera que ella no se enganche a bailar con el primer advenedizo mientras él sopla por la trompeta. Es la eterna canción: el músico toca y los amigos bailan y le roban la novia. Tiene que conseguir que las notas se le enreden a Mercedes en el corazón y le aten los pies, si la música la envuelve, será solo para él.
Cuando termina el ensayo, recoge la trompeta, se sienta en el asiento del conductor, relajado y dispuesto a comenzar el día entre el tráfico infernal. Abre la puerta del autobús y sube una señora. Le aplaude sonriente y él responde con un tímido gracias, a lo que ella contesta: “Toca usted de maravilla, pero es curioso, es la primera vez que con un pasodoble no me entran ganas de bailar. Debe de ser la melancolía del amanecer”. “No”, contesta él triunfante, “es el amor que sale de esta trompeta lo que nos para los pies”.