viernes, 18 de enero de 2013

El príncipe que cruzó allende los mares





Hoy quiero presentaros un libro infantil de los escritores Roberto Malo y Francisco Javier Mateos, y el ilustrador David Guirao, amigos de la tierra, que me ha gustado mucho. Se trata de El príncipe que cruzó allende los mares, de la editorial Nalvay, también de Teruel, así que todo se queda en casa, en nuestra tierra aragonesa.

Mañana será la presentación-cuentacuentos del libro en El Armadillo ilustrado, que por cierto, también es la librería de una pareja de amigos, Beatriz Barbero Gil y Victor Romano, que se han especializado en la venta de libros ilustrados, ya que los dos pertenecen al mundo de la ilustración y el comic, respectivamente. En su librería siempre cuelgan las obras de algún artista de los libros y tienen una selección de esos libros preciosos, auténticas obras de arte, que todos desearíamos tener. Darse un paseo por allí siempre es el mejor modo de llenar nuestros ojos de imágenes que nos hacen soñar, de cuentos que son un placer de leer.
 
El príncipe que cruzó allende los mares, el libro, yo lo tengo dedicado con una maravillosa acuarela de David y las palabras de Roberto; es una maravilla: la historia es divertida, ideal para los niños y con mensaje. A una princesa le han robado el alma y tres príncipes tratarán de recuperarla. Historia infantil, pero con guiños a los lectores adultos que gustan de compartir sus historias con los niños, y las ilustraciones, que os voy a decir, soy una fan incondicional de David, sus espléndidos caballeros llenan las páginas, tiene un componente épico y mítico de estilo griego extraordinario, cada príncipe de la historia está caracterizado de acuerdo con su personalidad. Llevad a vuestros peques a verlo, por allí estará Roberto Malo, que es componente del grupo de teatro infantil Galeón, y eso es garantía de la risa, os lo prometo.

Esta es la dedicatoria de Roberto y David en mi libro, una chulada, de verdad:




Por el blog de David, murmullos en el desierto, podéis ver ilustraciones de este libro y encontrar los homenajes que hace a los grandes artistas de la pintura, como las espirales de Van Gogh, o las imágenes de Utaga Hiroshigue, esa es otra manera de disfrutar y descubrir lo que hay detrás de esta obra. Tiene varias entradas en su blog sobre las ilustraciones, echadle un vistazo.

¡No os perdáis el libro ni la presentación!

El príncipe que cruzó allende los mares
Pesentación: Sábado 19 de enero, 12:00
en

C/ Las Armas 19


martes, 15 de enero de 2013

Deseo de colores (Carrera verde)


Fragilidad, Fotografía de Raquel Lozano


Mi madre dice que cuando sople un diente de león, puedo pedir un deseo. Le digo que quiero volar como las mariposas. Pero ella me contesta que si digo mi deseo en voz alta, no se cumplirá.

Mi madre dice también que en una región de Inglaterra las mariposas se volvieron negras, porque había mucha contaminación. El humo de las fábricas pintó de negro los troncos y las hojas de los álamos blancos. Por eso solo sobrevivían las mariposas de color oscuro, que se confundían con los árboles y como los pájaros no podían verlas, no se las comían.

Cuando soplo el diente de león, cierro los ojos y ya sé que pedir: que las mariposas nunca pierdan sus colores por culpa de los malos humos de los hombres.


* * *

Esta es mi contribución a la Carrera Verde organizada por nuestra entrenadora de micros ecologistas Luisa Hurtado. Participo en esta carrera por relevos en el magnífico equipo de los Lagartijos; he recibido el relevo con esta fotografía de Raquel Lozano que ha inspirado mi relato y le devuelvo el testigo a Raquel, para que escriba un relato con la última frase. 

Comenzó tejiendo esta carrera Diana Narváez, que pasó el relevo al tejado de Alberto Proset; éste, con su ecología retorcida, pasó el testigo a Raquel Lozano, que, vestida con su piel de retales, me regaló esta hermosa fotografía para que pidamos deseos de colores.

¡Ánimo Raquel! 
¡Aúpa Lagartijos!
¡Que continúe la Carrera Verde!



jueves, 10 de enero de 2013

Credo veneciano



El muchacho vestía una sudadera con capucha que le cubría la cabeza. Entró en el café Florian, en la plaza de San Marcos: "Sorpréndame con una de sus especialidades", pidió al camarero de blanca librea. El camarero trajo en la bandeja un botellín blanco en cuya  etiqueta se leía: Crema de Asesinos. Vertió con elegancia la crema frambuesa en la taza. Los músicos interpretaban La Consagración de la Primavera. El muchacho le dio vueltas con la cucharilla, aspiró el aroma y se bebió la taza de un trago. La transformación no se hizo esperar: se levantó, hincó su rodilla en tierra, e inclinó su cabeza en sumisa reverencia a los pies del camarero. El camarero le entregó la espada. Él la ciñó en su cinto y caminó con sus rudas botas hacia la salida del café.
Las palomas de la plaza se espantaron a su paso, mientras las campanas de San Marcos celebraban el nacimiento de un nuevo Assasin’s Cream.





* * *

Para mi hijo, sus Assasin's Creed y los Assasin´s Cream de su padre...

miércoles, 9 de enero de 2013

Con un ojo abierto




Cuando despertó, se convirtió en un insomne perpetuo. Como un dragón pasó las noches con un ojo abierto y una oreja cerrada. Guardián del tesoro rubio que dormía a su lado.

* * *

Para Esta noche te cuento,  un homenaje a Monterroso...   ;)

Podéis verlo aquí 

lunes, 7 de enero de 2013

¡Empieza la Carrera Verde!






Hoy empieza la Carrera Verde, que organiza Luisa Hurtado (microrrelatos al por mayor). No podía ser otra, sí, la que nos cita cada lunes con un micro ecologista... Se trata de una carrera por relevos, donde los participantes de los distintos equipos se van pasando el relevo de escribir o ilustrar de uno a otro. El pistoletazo de salida lo ha dado Sara Lew con esta ilustración de Yo ReCiclo:




Para saber como funciona esta carrera más en detalle podéis ver las bases aquí y en esta entrada los diferentes equipos.

Nuestro equipo es el de los Lagartijos y Diana Narváez nuestra primera corredora. ¡Aúpa Diana! ¡Monta en la bici verde de Sara y... a correeeeer!!!

domingo, 6 de enero de 2013

Cuento de Reyes Magos





Mi madre adornaba la ventana con estrellas de nieve que recortaba ella misma en papel de plata. Una noche del cinco de enero, entre aquellas estrellas, vi a los Reyes Magos montados en sus camellos, flotando en la noche. Emocionado, corrí a avisar a mis padres, pero su cama estaba vacía. Corrí al cuarto de estar y encontré junto a mis zapatos un montón de regalos, iluminados por las luces de colores del árbol de navidad. Me volví hacia la mesa y comprobé que se habían comido el turrón, habían apurado también las tres copitas de licor, y los camellos habían dado cuenta del agua y los dátiles. Pero no había sido suficiente, estaba claro: a cambio de los regalos, los Reyes se habían llevado a mis padres. Grité por la ventana hacia donde había visto los Reyes hacía un minuto:
—¡Mamá! ¡Papá! —las lágrimas me nublaron la vista.
Mi madre me cogió en brazos.
—¿Te han dejado volver? —pregunté angustiado—. ¿Y papá?
—Papá está aquí, cielo, no hemos ido  a ningún lado.
Entonces creí que las lágrimas siempre nos devolverían a los seres queridos.

Ahora es navidad otra vez y ellos se han marchado. Pero la vida me ha enseñado que por mucho que mis lágrimas humedezcan mis ojos, ellas ya no podrán hacerlos volver.



* * *

Con este relato de Reyes estuve en Esta noche te cuento en diciembre, algunos ya lo habréis leído, pero no podía dejar de ponerlo aquí hoy.

¡Felices Reyes!

Una bruja solo puede desearos que sus majestades os hayan traído todo el carbón que pedisteis.

martes, 1 de enero de 2013

Menú de Año Nuevo

Dibujo de Airam Hesse o María Hese


Al despertar, oí un tremendo rugido que venía de la calle. Me asomé a la ventana y lo primero que vi en la luminosa mañana de Año Nuevo fue el camión de la basura. Venía a llevarse todos los trastos viejos de los que nos habíamos desprendido por fin en Nochevieja. Sentí que los pobres basureros no libraran en un día tan señalado, pero alguien debía hacer el trabajo sucio de llevarse el pesimismo, la mala uva, el egoísmo, el cinismo y los malos augurios. Y todos los demás ismos en los que nos estábamos ahogando.

Recogí en mi cuerpo desnudo la ilusión que arrojaba el sol en cada uno de sus nuevos rayos. Aparté las grises cenizas que quedaban en la chimenea y soplando las brasas sobre un nuevo madero, encendí un fuego brioso que iluminó el hogar. En él cociné una sopa de alegrías siguiendo la receta de mi abuela: amor, paz, cariño y tesón a partes iguales; un pellizco de sal y otro de pimienta, y bien de azúcar para pasar los malos tragos.

Ahora comparto esta sopa con todos mis seres queridos, mi familia y amigos y no faltará además una copa de champán para brindar.