sábado, 9 de enero de 2016

El fotógrafo de Praga





Paseaba por Praga con una cámara, aquel ojo artificial era un apéndice de los suyos propios con el que pretendía apresar todo aquello que escapaba a sus sentidos. En cada esquina, en el empedrado, buscaba historias escondidas, seguro de que cada piedra habría absorbido la esencia del escritor, porque en ellas aún resonaban sus pasos, y él perseguía la huella de sus zapatos, el vaho de su aliento, el olor del gabán de su memoria. A la luz roja del laboratorio, esperaba encontrarlo conjurando la magia lenta de los líquidos reveladores, pero aquellas fotos aparecían en la cubeta del revelado  y lo único que desvelaban turbiamente era una soledad pálida y triste, de calles grises y esquinas mohosas. Cuando alzaba la cabeza, bajo el tendido de fotografías colgadas a secar con pinzas de plástico, lamentaba su mala suerte. A veces creía que la sombra de aquel hombre estaría a la vuelta de la esquina de aquella calleja de Hradcany que descendía hacia su propio misterio y al día siguiente iba allí, doblaba esa esquina y tomaba otra foto. Un nuevo revelado solo mostraba el vacío de su alma sedienta de historias y aparecía una nueva esquina tras la cual se adivinaba el perfume de un escritor que quiso ser olvidado y que otros recuperaron y amaron con el fervor que provoca la inquietud, el desasosiego. Esa inquietud conducía al fotógrafo a buscar en la siguiente esquina y después en la siguiente y en la siguiente, una sucesión de calles vacías pero tan exquisitamente perfumadas por su alma que cuando el artista expuso sus obras en su ciudad natal, los espectadores se paseaban por aquella ciudad y acababan perdiéndose en la sucesión de callejuelas, ese empedrado de grises y negros donde perseguían el sonido de unos pasos que se alejaban, y en la ansiedad por salir del laberinto, encontraban al fin la sombra de Kafka perfilada en un muro, intentando huir una vez más de sus miradas.

4 comentarios:

Miguel Ángel Aguado dijo...

muy buen relato

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Te transporta, deliciosa ambientación.

Purificacion Menaya dijo...

Gracias Miguel Ángel Aguado, un paseo por Praga, tras los pasos de Kafka.

Purificacion Menaya dijo...

Gracias, Miguel Ángel Pegarz, las fotos que nos hacen buscar sombras de escritores. Un abrazo