domingo, 20 de diciembre de 2015

Clases de piano



Imagen de Brendon Burton

Los martes y los jueves suena una sonata de olvido y flores marchitas, que hace crujir las paredes del salón como si a la casa le dolieran los huesos. El piano está desafinado y su voz es tan vieja como la de doña Alba, que se encoge cada día un poco más bajo el peso de sus años. Doña Alba se recuesta en el sofá y percibe el cosquilleo de las notas en sus dedos, que jamás volvieron a tocar una tecla. Los martes y los jueves, después de la clase de piano, ofrecía a su profesor una taza de chocolate y bizcocho casero. Todo empezó así, piano, chocolate y bizcocho, y un sofá donde sus cuerpos acababan cada vez más juntos. Los martes y los jueves ve otra vez sus manos, recorriendo el teclado y las siente cogiendo las suyas y acariciando su pecho. Pero qué frías están ahora esas manos y qué triste la marcha fúnebre que muerde su corazón abandonado.

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Para el último viernes creativo de el bic naranja

3 comentarios:

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Un relato muy poético y amargo.

Purificacion Menaya dijo...

Gracias Miguel Angel, el piano nos pone nostálgicos. Un abrazo

Purificacion Menaya dijo...
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