lunes, 1 de abril de 2013

Espejo rojo



Ilustración de Elena Rovira Menaya


Un muchacho se mira en el espejo, se topa con sus ojos que le devuelven su propia mirada, luego encuentra su nariz, demasiado grande, desproporcionada, mejor no se detiene en ella; desciende hasta su boca de labios finos, que nunca sabe qué decir, y sin demorarse, retorna a sus ojos, entre marrones y verdosos, son lo que más le gusta de su cara; observa su intensa atención y esa inocencia de la que sus amigos se burlan, a través de ellos desciende al pozo infinito de sí mismo: tropieza con la infancia que quiere arrinconar pero sin abandonar sus juegos, encuentra sus ansias de conocer el mundo, de andar solo, pero también el miedo; halla también el anhelo de verse reflejado en otros ojos que le miren, que le admiren, que le deseen, y, sin llegar al fondo de ese abismo, ni recrearse en las íntimas soledades, se despoja de su interior y se impulsa para tornar a la superficie; su mirada vuela ligera hacia su pelo oscuro, revuelto tras el sueño nocturno y decide no peinarse, incluso pasa sus dedos entre los mechones y lo revuelve un poco más, lo que le confiere un aspecto de pilluelo, ante el que sonríe de oreja a oreja. En ese momento desea ser pelirrojo, sí, pelirrojo, solo eso, no desea tener los ojos azules o la nariz más chica o los labios sensuales, ni tener una atractiva mandíbula angulosa como un actor de moda. El pelo naranja, susurra sin mover los labios, toda su rebeldía se concentra en ese deseo y cuando entorna los ojos, el espejo le devuelve su imagen pelirroja, en un rapto onírico. El chico sale de casa hacia el instituto; está contento, recuerda su rostro luminoso en el espejo, el sol del amanecer bosteza entre los edificios y le peina los cabellos con sus rayos tímidos, primaverales. Y cuando se encuentra en la esquina de siempre a sus compañeros de clase, todos se le quedan mirando y uno de ellos exclama:
—¡Juanjo, tío, te has teñido el pelo!
Y los otros chicos suspiran de envidia contemplando a su amigo pelirrojo.

4 comentarios:

Luisa Hurtado González dijo...

Hola, con un poco más de retraso del que hubiese preferido, te informo que la publicación que recopila todos los trabajos que participaron en la I Carrera Verde ya está lista. La encontrarás en Microrrelatos al por mayor y espero que te guste.
Muchas gracias por participar, Luisa.

Amando García Nuño dijo...

¿En qué mercadillo dices que venden esos espejos?
Un abrazo

Miguelángel Flores dijo...

Ay, la adolescencia, qué muralla más alta. Yo recuerdo que al llegar al otro lado, no había cuerda ni escaleras, menudo trastazo!

Puri dijo...

Luisa, gracias por la sorpresa!

Amando, a mí para esto cualquier espejo me sirve... Si no, creo que deberías preguntarle a la madrastra de Blancanieves.

Miguel Angel, cierto, no sé que es más duro si la subida o el vértigo cuando estás arriba...