sábado, 2 de julio de 2011

Cuando cambiaba tiza por polvo de desván

Mi madre me decía que antes se pilla a un mentiroso que a un cojo. Pero yo tenía dos buenas piernas y después de dar un sonoro portazo en la entrada, podía subir las escaleras hasta el desván, descalzo para que nadie me oyera, todos los viernes de guardar. Allí estaba por fin a salvo: entre Mortadelos, Zipi-Zapes, piratas y pipas de girasol, disfrutaba de la libertad de una tarde sin pizarras, sin cuadernos y sin tablas de multiplicar.

* * * * *

Relato para el segundo certamen de microrrelatos "No me vengas con historias" con el tema Mentiras, en el blog de Acuática podéis ver los ganadores y todos los relatos que han participado.

3 comentarios:

Puck dijo...

Y seguramente la madre lo sabía y sonreía mientras le dejaba guardar el secreto
Saludillos

Elysa dijo...

Es delicioso, me ha traído el recuerdo de algún desván, poblado de mundos mágicos y nadie que pudiera interrumpir.

Besos

Puri dijo...

Sí, hay madres así Puck, pero otras como se enteren... te ponen el culo morao...

Elysa, yo también adoro esos desvanes mágicos y secretos.