domingo, 8 de noviembre de 2009

Un escritor en busca de historias

Erase una vez un escritor al que un día se le acabaron las ideas. Bueno más que acabarse, tenía ideas, pero cuando comenzaba a desarrollarlas, se secaban. Quería escribir historias y empezaba con buen pie, pero la historia después se torcía y no había manera de enderezarla. Así una historia tras otra, todas se quedaban inconclusas. Cuanto más quería escribir, más se le atascaban las palabras, se quedaban paralizadas, pues llegaba un momento en que las palabras le llevaban a un laberinto que le repateaba en el estómago por su insulsez. Ni siquiera el absurdo venía a instalarse en sus escritos como una genialidad extraña e incoherente. Palabras que no le decían nada, palabras vacías o mil veces escuchadas, que se convertían en un balbuceo inacabado y sin sustancia. Por utilizar una metáfora literaria, aquel escritor se estaba quedando sin tinta en el alma y el alma se le secaba y se obsesionaba con aquella incapacidad de sacar una miserable historia que le apasionara un poco. Buceaba en su ordenador y no encontraba más que páginas medio escritas, medio en blanco, bloqueos mentales que le obsesionaban y le bloqueaban cada vez más. El maldito tópico del terror del escritor ante la página en blanco…

Quizá debía salir a comprar tinta, para humedecer su alma, o buscar otra alma de repuesto o buscar… ¿Buscar qué? Quizá simplemente había que dejar de buscar, dejar de escribir, dejarse llevar, empaparse de vida y sentir… para que la escritura algún día volviese a fluir, como antes, de la cabeza al teclado, del teclado a la página en blanco.

¿Sería capaz de vivir sin esa obsesión de tener que escribir una historia? Nadie le estaba pidiendo una historia, sólo él mismo se la exigía. ¿Sería capaz de dejar de ser tan exigente consigo mismo y dejarse vivir como las personas normales y corrientes que no tienen ni se plantean en ningún momento tener que escribir una historia?

2 comentarios:

Joha dijo...

me encanta!

Francisco Javier dijo...

muy bonito.

Me imagino que la mayoría de escritores tenéis esos momentos de dudas y desánimo; pero por suerte para las "personas normales" nos seguéis regalando con historias tan bonitas comos está que acabas de publicar.

Un beso.