martes, 6 de mayo de 2014

Eterno girar

En la plaza del Pilar, mientras los otros niños encorrían las palomas, a mí me gustaba girar sobre mí mismo, con los brazos extendidos; ante mis ojos pasaban vertiginosos las torres, el pórtico, la gente, los arcos de los porches, las sillas de los cafés y a empezar otra vez: torres-pórtico-gente... Mamá me gritó:
—¡Para ya, que te vas a caer!
Precisamente, al detenerme, venía lo mejor: sentirse como un borracho, un pie aquí otro allá, la cabeza que parecía querer escapar y los objetos que no cesaban de girar. Por eso aquella tarde le pregunté a mamá si era yo quien daba vueltas o era el mundo el que giraba alrededor de mí. Y ella, con una carcajada, contestó:
—El mundo gira para ti, tesoro mío  —y me dio en la frente uno de esos besos que olían a nocilla y a agua de rosas.

Al crecer descubrí, como Galileo, que ya el mundo no giraba para mí, sino que era yo quien giraba para el mundo. Aun con todo, ella siempre siguió como un satélite sobre mí, pendiente de mis caprichos, de mis errores, de mis desplantes, de mis dolores, para criticarme y para aplaudirme. Una tarde la luna se la llevó y desde entonces me asomo cada noche para verla girar a mi alrededor.

9 comentarios:

Nicoleta Ionescu dijo...

Me gusta muchísimo tu relato, es muy visual y me recuerda un juego que me gustaba a mí también, como a todos los niños. Los niños saben la verdad: el mundo gira para ellos pero cuando crecen olvidan eso. Me ha gustado el vínculo con la madre que vigila a su hija, aunque ya no está en este mundo.Un abrazo.

Miguel jiménez salvador dijo...

Peonzas somos. Muy bonito Puri, me ha parecido muy tierno.
Abrazos.

Javier dijo...

Muy bello, como siempre.

Luisa Hurtado González dijo...

Ay, las madres. Qué buenos satélites son, siguiendo en su paso a varios planetas; lo que fisicamente es imposible, como todo el mundo sabe.
Un beso

Unknown dijo...

Siempre las recordaremos, con más o menos poesía. Un abrazo

julieta dijo...

Precioso. Sencillamente precioso.

Ángeles Medina dijo...

¡Precioso! Me gustó esta sencillez y la ternura que desprende en su lectura.
Abrazos de mar

Ana dijo...

Destila ese sabor a infancia perdida, Puri. Un beso

Purificacion Menaya dijo...

Gracias a todos, un pequeño homenaje a las madres que están siempre girando y a sus hijos peonza...
Besos