jueves, 21 de febrero de 2013

Miss Leica y Mr. Panasonic


Miss Leica era luminosa, observadora, no se perdía un detalle. Tenía un ojo que lo registraba todo con una nitidez deslumbrante. Rápida y astuta en la caza, volaba ligera a la captura del instante perfecto. Transformaba cuanto veía con su mirada alegre, y su risa era una lente cromática que teñía de color de rosa la vida de los que la rodeaban.
Miss Leica fue a vivir al barrio de Mr Panasonic.

Mr Panasonic tenía un cuerpo sólido y atlético, una mentalidad técnica y precisa; lo medía todo: la temperatura exterior e interior, la intensidad de la luz, la velocidad de las nubes, los decibelios del canto de los pájaros… Estudiaba hasta el crecimiento milimétrico de la más mínima brizna de hierba de su jardín. Mr. Panasonic aspiraba, en todas sus actividades, a la perfección más absoluta, con su pensamiento científico y exacto.

El corazón de Miss Leica era grande y generoso, en el cabían los pájaros y las mariposas, la luz del sol y la de la luna y las nubes de tormenta; era un corazón nervioso en el que borboteaban los sentimientos, la desbordaban como en una fuente. Miss Leica además,  no podía parar un momento, siempre correteando de aquí para allá y de allá para acá… A Mr. Panasonic le parecía una abubilla inquieta y pizpireta, que revoloteaba por el barrio sin descanso.

Mr Panasonic trató de analizar, como siempre que aparecía un nuevo elemento en su vida, el comportamiento de Miss Leica. Estudió los pasos de Miss Leica desde el jardín a la puerta de su casa, de su casa al supermercado, del supermercado a casa, intentó encontrar la rutina de su comportamiento, pero era tal la locura y la arbitrariedad de los itinerarios de Miss Leica que lo desconcertaban. Unos días iba a la parada de autobús (y no montaba en él) y después al mercado. Otros días iba primero al parque y después al mercado, pero un domingo se acercó primero al mercado (que estaba cerrado) y después al autobús… ¿Qué sentido tenía todo eso? Se preguntaba Mr. Panasonic sin comprender las leyes de funcionamiento de Miss Leica. Pero lo que de verdad volvía loco a Mr. Panasonic era que al pasar junto a su jardín Miss Leica le guiñaba un ojo… Mr. Panasonic entonces se calaba la gorra, como si lo hubieran pillado en falta y se ponía colorado.

Lo que no sabía Mr. Panasonic era que cada vez que Miss Leica guiñaba el ojo, hacía una foto. Y tenía un álbum lleno de los retratos de Mr Panasonic, a cual más sonrosadote…

Una tarde, Miss Leica decidió invitar a su vecino a tomar café. Mr Panasonic se tomó una taza de cien mililitros medidos con una probeta, con diez gotas de leche, contadas con cuentagotas y aderezada con dos cucharaditas perfectamente rasas de azúcar, y, a falta de balanza, calculó comerse una pasta y media, lo que constituía una suma total de, aproximadamente, 375 calorías. Miss Leica observaba divertida las mediciones de Mr. Panasonic. Por fin se decidió a enseñarle el álbum con las fotos que le había hecho.

Mr. Panasonic fue pasando las páginas del álbum y se fue poniendo más y más colorado, pero no pudo dejar de pasar todas las fotos. Cuando llegó al final del álbum exclamó:
—Dios mío, treinta y una fotos, tantas como días hace que vive usted en la casa de al lado… ¿Por qué ha hecho usted esto?

Entonces la que se puso colorada fue Miss Leica, y bajó los ojos, pero en seguida volvió a mirarle y le guiñó una vez más el ojo con picardía:
—Quizá porque me gusta vivir en la casa de al lado…

Mr. Panasonic casi se atragantó con la pasta que se estaba comiendo. A él también le gustaba tenerla en la casa de al lado, pero no se atrevía a decírselo. Pero además, estaba el asunto de aquellas fotos.

—Sabe, Miss Leica… —comenzó—. Estas fotos son maravillosas. Tienen una nitidez y una luminosidad que jamás había visto. Y los colores… bueno el rojo, quizá un poco exagerado… Aunque podría mejorarse la exposición de la luz, pero eso yo podría corregirlo fácilmente, si no le importa. Pero usted, usted es extraordinaria, sabe, es usted una lente perfecta.

—Volverá a sonrojarme, Mr. Panasonic —respondió abrumada Miss Leica. Aprovechó ella también para colmarle de elogios: —Y usted es un experto en la más alta tecnología, su minuciosidad es fuera de lo común. Estoy segura de que usted y yo, juntos, haríamos las mejores fotos del mundo.

—Pues… tiene usted razón, Miss Leica, cuando la mejor lente y la tecnología más avanzada se unen… tienen por delante un horizonte infinito.

Fue así como Miss Leica y Mr. Panasonic comenzaron a trabajar conjuntamente. Se complementaban a la perfección. El automatismo de Panasonic determinaba la sensibilidad ISO, medía la luz adecuada, elegía la velocidad idónea, decidía la necesidad de utilizar o no el flash. Mientras, el ojo de Leica adaptaba sus lentes cristalinas para registrar la realidad con su nitidez exquisita. No hacían falta palabras, cada uno actuaba como mejor sabía hacer y el resultado era una obra excelente. Además el corazón de Miss Leica encajó con precisión en el de Mr. Panasonic, lo iluminó con su inmensa alegría. A su vez, Mr. Panasonic ofreció a Miss Leica su comedida seguridad y la acogió con esa ternura que guardaba para ocasiones y personas especiales. Esa compenetración y ese amor conseguían que abrir un álbum de fotos de Miss Leica y Mr. Panasonic fuera como abrir una ventana y asomarse a paisajes reales, llenos de sentimientos.

* * *
Para Leica

¿continuará?

3 comentarios:

Leica dijo...

Me ha encantado!!! hasta se me cayó una lagrimilla al leerlo.
Es precioso micro, o cómo describes todo con ese detalle, en el que por otro lado se ve como entiendes de fotografía!
Se lo voy a enseñar a Panasonic porque seguro que le encanta!
Preciosa historia!
;) y ahora acabo de retratarte a ti!

Carlos de la Parra dijo...

Muy capturante relato de ésta antropomorfización de los objetos.

Puri dijo...

Leica sigue haciendo retratos como tu ya sabes ;) ;) ;)

Carlos, me alegro que te gustara mi pequeño homenaje a Leica y Panasonic, ellos son de carne y hueso.