martes, 3 de abril de 2012

La cuentista

Papá y mamá se querían mucho.
A mamá le gustaba rozar los labios de papá
con los ojos cerrados.
Y papá le hacía cosquillas en el cuello
a mamá, con sus dedos suaves.

De aquel amor tan grande y apasionado,
nació una niña sonrosada y tierna.
La llamaron Mara.
Mara les trajo a papá y mamá
la felicidad, con sus sonrisas y sus balbuceos.

Pero la niña lloraba todas las noches.
Sus padres no sabían qué hacer para consolarla.
En aquella casa nadie podía dormir...

Habría que contarle un cuento,
- dijo papá -, pero yo no recuerdo ninguno.

Y mamá dijo:
- Cuando yo era niña,
Mi mamá llamaba por las noches a la cuentista.
Ella me contaba cuentos y yo enseguida me dormía.

Mamá se asomó a la ventana.
Miró a las estrellas y llamó a la cuentista:

Querida cuentista,
baja de las estrellas.
Esta niña no puede dormir
sin un cuento contado por ti.

Inmediatamente,
una nube de polvos brillantes
entró por la ventana.
De ella salió una mujer con un vestido blanco,
muy brillante y un gran bolso de mano
de tela estampada con flores.

Se quitó los guantes blancos mientras decía:

- ¿Por qué lloras, mi niña?
¿Estás aburrida y triste?
Yo te contaré un cuento
y dormirás sin darte cuenta.

Cuando terminó el cuento,
la niña dormía con una sonrisa.

Entonces la cuentista les dijo a los padres:

- Ultimamente tengo mucho trabajo.
Hay muchos niños llorones todas las noches.
Sus padres no tienen tiempo de contarles cuentos.

Por eso, vendré a esta casa una noche de cada siete.
Le contaré un cuento a la niña,
pero vosotros deberéis oírlo y aprenderlo también.
Porque las seis noches siguientes
seréis vosotros quienes le contaréis el cuento.
La séptima noche volveré con un cuento nuevo.

Los padres aceptaron.
Ellos querían contar cuentos a su hija,
el problema era que los habían olvidado.

La cuentista vino a la casa cada siete días.
La niña le esperaba con los ojos abiertos
y la sonrisa bien puesta.
Los papás también cumplieron su promesa,
y contaron los cuentos de la cuentista
cuando ella no podía venir.

Pasó el tiempo,
muchos días y noches felices,
pero un séptimo día, la cuentista no llegó.

Papá y mamá contaron un cuento viejo a la niña.
Pero ella esperaba un cuento nuevo.
La niña lloraba y lloraba.
Los padres, desesperados,
llamaron de nuevo a la cuentista:

Querida cuentista,
baja de las estrellas.
Esta niña no puede dormir
sin un cuento contado por ti.

La cuentista llegó con mucha prisa.

Creía haberte contado ya muchos cuentos,
y que ya no necesitabas mis servicios
- dijo la cuentista sorprendida -.
Ahora les toca a papá y mamá contártelos.

Oh, ellos ya me los cuentan muy bien
- dijo Mara -.
Pero yo quiero un cuento nuevo,
necesito cuentos nuevos.

La cuentista se rascó la barbilla.
Parecía preocupada.

- Eso es un problema,
- dijo -.
Pero como todos los problemas
tiene solución.

Hay libros para leer
y tú ya los lees, lo sé,
pero eso no es suficiente.
Si eres una de esas personas
que necesitan cuentos sin cesar
nunca tu sed de cuentos se apagará.

Tendrás que inventar cuentos tú misma,
para seguir viviendo.
Y tu imaginación te ayudará.

Cuando seas mayor vendré a buscarte,
y si quieres, llegarás a ser cuentista,
como yo.

Mara dijo palmoteando:

- ¡Quiero ser cuentista!
  ¡Quiero ser cuentista!

- Pues empieza ahora mismo,
- dijo la cuentista -.

Mamá, papá y la cuentista
se sentaron a los pies de la cama
y escucharon a la niña:

“Érase una vez, en un país muy lejano…

La niña contó un hermoso cuento
y a todos les gustó mucho.

A partir de aquel día,
Mara leyó muchos cuentos,
Sus padres también le contaron los viejos cuentos.
Su imaginación absorbía,
como una esponja,
personajes fantásticos…
Y lugares remotos…
Y aventuras increíbles…

Y luego esos personajes
vivían en su mente nuevas aventuras.
Y surgían nuevos cuentos
que ella contaba casi sin respirar…

Le contaba cuentos
a papá y mamá,
a otros niños,
a los pájaros y los gatos,
a las estrellas  y a la luna,
al sol y los planetas…

Aquella afición de contar cuentos
continuó cuando se hizo mayor.

Los niños la rodeaban en el parque
y ella contaba y contaba sin parar.

Una noche la cuentista vino a buscarla.
Había envejecido:
tenía el pelo tan blanco como su vestido.

Ya estás preparada para venir conmigo,
- le dijo.

Y Mara se fue con la cuentista.
Ella le enseñó su oficio.
Y cuando hubo aprendido sus secretos,
le dio un beso de despedida:

Ahora eres tú
quien debe hacer felices
con sus cuentos a los niños del mundo.

Y entregándole su bolso de flores añadió:
- Esto es para ti.
Yo no lo necesito ya.

En el bolso encontró algunos libros,
eran los cuentos de la anciana cuentista.
Los había escrito para que no los olvidaran.

La nueva cuentista viajó por el mundo
contando cuentos a todos los niños:
los cuentos de la cuentista,
sus propios cuentos inventados,
los cuentos de otros libros.

La cuentista era la dueña
de todos los cuentos…

* * * * *

Esta entrada debería haber salido ayer, para celebrar el día mundial de la literatura infantil y juvenil, pero como yo ando últimamente con retraso para todo...

¡Feliz día del libro infantil, hoy y siempre!
Que todos los días haya un cuento para vuestros niños.

11 comentarios:

Blanca Bk dijo...

Me ha encantado Puri..!! Felices fiestas y felices vacaciones!! :D

Ximens dijo...

Es un cuento con muchos cuentos. Es bueno para contarse a los niños, por sus repeticiones y mensaje. Pero otra solución para esos padres es leer los blog de cuentos (jeje).

Elisa dijo...

Ole, esa Puri, que también es cuentista aunque no sea anciana.

Puck dijo...

Precioso Puri... me encantaaaaa....
saludillos

Paloma Hidalgo dijo...

Qué bonito!! Tierno y exquisito.

Un abrazo.

Nicolás Jarque dijo...

Puri, precioso homenaje para celebrar el día de la literatura infantil. Todos somos un poco cuentistas, escribiendo, leyendo o solo escuchando. Nunca podemos perder esa capacidad para que nos sorprendan.

Me gustó mucho.

Abrazos.

Rosa dijo...

Esperemos que siempre haya cuentos y cuentistas...Bonito homenaje Puri.

Besos desde el aire

Pablo Gonz dijo...

Me gustó mucho, Puri. Destaco el estilo llano y limpio, sencillo pero no simple.
Un fuerte abrazo,
P

Elysa dijo...

Precioso, Puri. Es un cuento-homenaje muy inspirador.

Besitos

Javier dijo...

Muy bonito. Menos mal que sigue habiendo cuentistas como tú que nos hacen felices a nosotros, los niños.

Arte Pun dijo...

¿Y a dónde se fue la cuentista mayor? Debe haber algún retiro de cuentistas, con playas rojas, mares plateados, lunas naranjas y estrellas verdes. Todo esto cabe en el bolso, es cuestión de doblarlo todo bien.

Me ha gustado Puri, qué buena celebración para el día de lo que sea,... no esperes a otro año.

Abrazos